La gripe aviar, una amenaza latente para la seguridad alimentaria y la economía agrícola del país, enfrenta un nuevo desafío: una respuesta federal debilitada. La administración actual, enfocada en la reducción de costes y la reestructuración gubernamental, ha implementado medidas que, según expertos, están obstaculizando los esfuerzos para contener la propagación del virus en las granjas avícolas.
Según la investigación publicada por The New York Times, la campaña para frenar la gripe aviar en las granjas del país se ha visto ralentizada por la caótica transición a una nueva administración que está decidida a recortar costes, reducir la fuerza laboral federal y limitar las comunicaciones, según entrevistas con más de una docena de científicos y funcionarios federales.
El impacto de la gripe aviar en el sector avícola es innegable. Más de 168 millones de aves han sido sacrificadas en un intento por controlar los brotes. Desde su aparición en el ganado lechero estadounidense hace aproximadamente un año, el virus se ha extendido a 17 estados, afectando a más de 1,000 rebaños. Esta situación no solo genera pérdidas económicas significativas para los productores, sino que también amenaza la estabilidad del suministro de huevos y carne de aves en el mercado nacional.
La gestión de la administración Trump ha suscitado controversia y preocupación en la comunidad científica. En los primeros meses de gobierno, se han producido despidos de equipos científicos clave, cancelación de reuniones cruciales y restricciones en el acceso a datos, incluso para los científicos federales. Esta falta de transparencia y coordinación dificulta la detección temprana y la contención efectiva del virus.
La comunicación pública sobre la gripe aviar también se ha visto afectada. El Departamento de Salud y Servicios Humanos no ha ofrecido una rueda de prensa pública sobre el tema desde enero y no ha respondido a las solicitudes de comentarios de la prensa. Esta falta de información genera incertidumbre y dificulta la toma de decisiones informadas por parte de los productores y consumidores.
Las propuestas del secretario de salud, Robert F. Kennedy Jr., han generado aún más controversia. Su sugerencia de permitir la propagación del virus sin control para identificar aves inmunes ha sido calificada de “imprudente y peligrosa” por científicos. Estas declaraciones han impulsado a legisladores demócratas a abrir una investigación sobre la respuesta federal a la crisis.
Además, la administración Trump ha eliminado la financiación para programas de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) destinados al monitoreo y control de la gripe aviar en 49 países. Esta decisión podría tener consecuencias negativas a nivel global, ya que la gripe aviar es una enfermedad transfronteriza que requiere cooperación internacional para su control efectivo. La reducción de la ayuda a programas internacionales se produce en un momento crítico, donde la vigilancia global es vital para evitar la propagación del virus y la aparición de nuevas cepas.




