El Pantanal brasileño enfrenta una crisis de incendios forestales sin precedentes este año, con cifras que superan ampliamente las registradas en 2020, cuando un tercio de este humedal, el más grande del mundo, fue consumido por las llamas. Según datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) de Brasil, el número de incendios ha aumentado diez veces en comparación con el mismo período del año anterior.
Esta situación ha convertido a la región en un verdadero infierno, como lo describen los lugareños como José Cleiton y Brandao Amilton, quienes observan con preocupación cómo las llamas avanzan a través de los secos humedales. Amilton, un guía de pesca local, expresa su preocupación por la dificultad para respirar y el incremento del calor, un peligro no solo para los humanos sino también para la fauna local que incluye jaguares, tapires y caimanes.
Científicos y expertos atribuyen esta catástrofe a un patrón de El Niño inusualmente fuerte, exacerbado por el cambio climático. Michael Coe, un destacado científico del clima, señala que el cambio climático ha intensificado los efectos de El Niño, llevando la situación a un nivel crítico. Además, mientras el Pantanal se quema, otras regiones como Río Grande do Sul enfrentan inundaciones récord, mostrando la variabilidad extrema del clima.
El gobierno brasileño ha declarado una emergencia medioambiental en el estado, y los esfuerzos para combatir los incendios y mitigar sus efectos son urgentes. Sin embargo, con solo el 40% de las lluvias esperadas durante la temporada, la lucha contra los incendios en el Pantanal parece ser una batalla cuesta arriba que requerirá atención y recursos significativos.




