La carencia de infraestructuras educativas adecuadas es una realidad sombría que plaga nuestra región, y el Centro Educativo Virgen del Carmen en Huánuco es un caso ejemplar de esta triste situación. A pesar de tener una población de 600 estudiantes, la institucion tiene una capacidad para acoger a 800, pero carece del número necesario de aulas en condiciones aptas para la enseñanza. Las que existen son estructuras prefabricadas y de triplay, instaladas como medida temporal por el anterior gobierno regional, y su deterioro es evidente.
Lo más desconcertante es la apatía de las autoridades. Rosendo Serna, exministro de Educación, quien prometió tomar medidas concretas para solucionar este problema, olvidó convenientemente sus compromisos una vez dejó el cargo. Y, sorprendentemente, ha retomado labores en la Dirección Regional como técnico, aún cuando el problema persiste.
La falta de un expediente técnico y documentación adecuada, como títulos de propiedad, han demorado la construcción de una nueva infraestructura. Sumado a esto, la burocracia y la falta de urgencia por parte de las autoridades han extendido estos retrasos de manera indefinida. Se ha anunciado que el expediente técnico podría estar listo el próximo año, pero ¿cuánto más tendremos que esperar para que la licitación y la construcción efectiva tengan lugar? Especialmente cuando ya existen 30 millones de soles asignados para esta tarea.
Esta inacción no se limita al Centro Educativo Virgen del Carmen; más de 100 escuelas y colegios en toda la región se encuentran en condiciones similares. En un contexto en el que se aproxima el fenómeno del Niño Costero, la falta de preparación es alarmante.
Lo que se necesita ahora es una acción inmediata por parte del gobierno regional. Es imperativo que se tomen en serio las promesas previas de construcción y mejoras en infraestructuras educativas, especialmente en zonas rurales, donde la situación es aún más crítica. Francisco Pérez Naupay, director de la UGEL, ha señalado que el centro carece incluso de servicios básicos como agua y electricidad. Esta es una realidad que no podemos permitir que continúe.
Hacemos un llamado a las autoridades competentes para que actúen de manera urgente y responsable. No podemos permitir que otra generación de estudiantes se forme en condiciones deplorables. No podemos permitir más promesas vacías. Es hora de que la infraestructura educativa reciba la atención y la inversión que tanto necesita. Nuestro futuro depende de ello.




