La crisis del sector salud en la región Huánuco ha alcanzado un punto límite. El reciente paro indefinido de trabajadores médicos y administrativos ha dejado a la población prácticamente sin atención, con hospitales cerrados, consultorios desiertos y pacientes obligados a buscar alternativas precarias. En lugar de ser un refugio en tiempos de enfermedad, los hospitales se han convertido en espacios de frustración y abandono.
La carencia de profesionales disponibles es solo la punta del iceberg. Los nosocomios enfrentan una escasez crónica de medicinas, equipos y recursos, lo que convierte cada consulta en una experiencia marcada por la improvisación. La población más vulnerable, como adultos mayores, madres gestantes y niños, se encuentra atrapada en un sistema que, lejos de proteger, los expone a mayores riesgos.
El panorama empeora al revisar las obras hospitalarias. En La Despensa, la construcción de un hospital que fue anunciada como proyecto estratégico sigue abandonada. No cuenta con expediente técnico, no tiene presupuesto asignado y carece de supervisión estatal. En estas condiciones, la inversión corre el riesgo de perderse, y con ella la oportunidad de mejorar la capacidad hospitalaria en la región.
A ello se suma el deterioro de establecimientos en Chavillo, Riobamba y Dos de Mayo, todos marcados por la falta de equipamiento y la reducción drástica de sus servicios. La precariedad se refleja incluso en la necesidad de alquilar locales privados para atender a los pacientes, como ocurrió con ambientes del Gran Hotel Huánuco en plena Plaza de Armas. Una medida temporal que, sin embargo, exhibe la magnitud del colapso.
La crisis sanitaria de Huánuco no puede seguir normalizándose. Los ciudadanos han elevado un llamado claro a sus autoridades regionales y municipales: priorizar la salud por encima de cálculos políticos o excusas administrativas. No se trata únicamente de más médicos o medicinas, sino de una gestión capaz de culminar hospitales inconclusos, garantizar presupuesto y asegurar una atención digna.
Cada día que pasa sin acción agrava la deuda histórica con la población. La salud pública no puede ser un privilegio, ni depender de improvisaciones o locales alquilados. Se requiere un compromiso real, verificable y sostenido. La dignidad de la región se mide también por la capacidad de cuidar a sus enfermos. Y hoy, lamentablemente, Huánuco está fallando en esa tarea esencial.




