Crisis de infraestructura

En un giro inesperado, el Gobierno Regional de Huánuco (Gorehco) ha admitido la existencia de errores significativos en las construcciones públicas de la región. Esta confesión, aunque tardía, abre una ventana de oportunidad para abordar una crisis que ha plagado a la comunidad durante años.

El gerente regional de infraestructura, Daniel Malqui, ha señalado que los problemas actuales son herencia de administraciones anteriores. Sin embargo, esta explicación, aunque ofrece contexto, no exime a la gestión actual de su responsabilidad de resolver estos problemas urgentes. Los casos del colegio Hermilio Valdizán y el hospital de Tingo María se alzan como testimonios alarmantes de cómo el diseño inadecuado y la planificación deficiente pueden poner en riesgo no solo la integridad de las estructuras, sino también la seguridad de quienes las utilizan.

Lo más preocupante es que este patrón de construcción defectuosa parece perpetuarse en proyectos actuales, como se evidencia en el colegio Illathupa. Esta situación sugiere que, a pesar del reconocimiento de errores pasados, no se están implementando cambios sustanciales en los procesos de diseño y construcción.

No podemos ignorar el papel que juega la corrupción en esta crisis. La práctica de reducir costos para generar ganancias ilícitas no solo compromete la calidad de las obras, sino que también traiciona la confianza pública y pone en peligro vidas. Es un mal que debe ser erradicado de raíz para garantizar el progreso y la seguridad de la región.

Para abordar esta crisis de manera efectiva, es imperativo implementar una serie de medidas integrales. Estas deben incluir una revisión exhaustiva y actualización de todos los diseños y expedientes técnicos, asegurando su adecuación a las condiciones climáticas locales. Además, es crucial establecer un sistema de supervisión independiente que garantice la calidad de los materiales y la ejecución de las obras.

La creación de un comité de expertos locales e internacionales para desarrollar estándares de construcción específicos para la región sería un paso significativo hacia la mejora de la infraestructura. Paralelamente, es fundamental establecer mecanismos robustos de transparencia y rendición de cuentas en todos los proyectos de infraestructura pública, así como invertir en la capacitación y tecnología necesarias para mejorar las capacidades de los equipos técnicos locales.

Es momento de romper el ciclo de promesas incumplidas y construcciones deficientes. La sociedad huanuqueña debe preguntarse si está dispuesta a exigir y trabajar por un cambio real.