Según la investigación publicada por Gestión.pe, la región occidental de Darfur, donde se libran intensos combates entre el ejército sudanés y las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), es la más afectada por el brote en el último año, con Médicos Sin Fronteras (MSF) atendiendo a más de 2,300 pacientes y registrando 40 decesos en los últimos siete días.
La crisis sanitaria se extiende por todo el territorio sudanés. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que, desde julio de 2024, se han detectado cerca de 100,000 casos de cólera a nivel nacional, advirtiendo sobre la rápida expansión de la enfermedad a través de los diferentes estados. Paralelamente, Unicef reporta que más de 2,408 personas han fallecido a causa del cólera desde agosto de 2024 en 17 de los 18 estados del país. La situación es particularmente alarmante en Darfur del Norte, donde más de 640,000 niños menores de cinco años se encuentran en riesgo de contraer la enfermedad, en un contexto marcado por los intensos enfrentamientos.
El desplazamiento forzado de poblaciones, originado por la guerra, ha exacerbado la propagación del cólera. La falta de acceso a agua potable y saneamiento adecuado crea un caldo de cultivo ideal para la transmisión de la bacteria. MSF denuncia que muchas personas se ven obligadas a consumir agua contaminada, lo que aumenta el riesgo de infección. En Tawila, Darfur del Norte, se estima que unas 380,000 personas han buscado refugio huyendo de los combates en El Fasher. Allí, los desplazados sobreviven con un promedio de tres litros de agua por día, cantidad inferior al umbral mínimo de emergencia establecido por organizaciones humanitarias.
La temporada de lluvias, que se intensifica en agosto, añade una capa adicional de complejidad a la crisis. Las precipitaciones pueden contaminar aún más las fuentes de agua y dañar las infraestructuras de saneamiento, facilitando la propagación del cólera. Mona Ibrahim, una mujer desplazada en Tawila, relata la falta de instalaciones sanitarias básicas, obligando a los niños a defecar al aire libre. La ONU estima que unos 300 niños en Tawila han sido diagnosticados con cólera desde abril.
Sylvain Penicaud, coordinador de MSF en Tawila, describe la desesperación de la población desplazada, que a menudo no tiene otra opción que beber agua contaminada. Un ejemplo dramático es el hallazgo de un cadáver en un pozo, del cual la gente se vio obligada a beber nuevamente dos días después de su extracción. Este tipo de situaciones ilustran la magnitud de la crisis humanitaria que se vive en Sudán. El cólera, una enfermedad prevenible y tratable, se está cobrando vidas debido a la falta de acceso a recursos básicos y a la inestabilidad provocada por el conflicto armado.
La guerra en Sudán, que ha entrado en su tercer año, ha dejado un saldo de decenas de miles de muertos y millones de desplazados. Naciones Unidas califica la situación como “la peor crisis humanitaria del mundo”. El brote de cólera es solo una manifestación más de las consecuencias devastadoras del conflicto, que ha socavado la capacidad del país para responder a las necesidades básicas de su población.




