¡CREAR O MORIR!

Por: Arlindo Luciano Guillermo
Si un barco naufraga, y tú eres uno de los tripulantes, tienes dos opciones excluyentes: haces algo y te salvas o no haces nada y te ahogas. La primera opción significa sobrevivir y continuar transitando por este mundo que cambia mucho. ¡Crear o morir! (Edit. Debate, 2015. Págs. 300) es un libro que combina el artículo de opinión, la investigación periodística, el reportaje y la entrevista. Andrés Opennheimer es un periodista de larga trayectoria y gran prestigio mundial. El subtítulo es La esperanza de América Latina y las cinco claves de la innovación. En la primera página, el periodista de The Miami Herald y conductor de Oppenheimer Presenta en CNN en español escribe: “… por qué no surge un Steve Jobs en México, Argentina, Colombia, o cualquier otro país de América Latina, o en España, donde hay gente tanto o más talentosa que el fundador de Apple? ¿Qué es lo que hace que un Steve Jobs haya triunfado en Estados Unidos, al igual que Bill Gates, el fundador de Microsoft; Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, y tantos otros, y miles de talentos de otras partes del mundo no puedan hacerlo en sus países?” Sin innovación, sin avance tecnológico, sin inversión en investigación científica, sin educación por competencias, que motive el talento y las habilidades, antes que la repetición tradicional de conocimientos, no habrá ni surgirán grandes innovadores ni científicos.
Perú tiene un Premio Nobel de Literatura, mientras que Chile tiene dos: Gabriela Mistral y Pablo Neruda; Colombia tiene uno de literatura (Gabriel García Márquez) y otro de la paz recientemente (Juan Manuel Santos). ¿Cuándo tendremos un Premio Nobel de Física, Medicina o Economía? La contribución de los profesionales tecnócratas repercute en la institución o la empresa donde se desempeñan, pero no necesariamente tienen impacto social ni cultural en la sociedad. Jefferson Farfán es un exitoso futbolista, gana millones, más que un funcionario del BCR o un gerente público de Servir. No tiene título profesional universitario ni grados académicos ni diplomados. ¿Cuál es la contribución de Farfán, Loco Vargas, Pizarro o Paolo Gurrero? Nadie mezquina los millones de dólares de estos futbolistas. Solo demuestran que para ganar mucho dinero no se tiene que estudiar. En España, Josep Pep Guardiola es un actor clave y sumamente importante en los triunfos del club Barcelona. Pep se mantuvo en la ruta del “fútbol total, “en el que todos juegan en todos los puestos, moviéndose de manera constante por todo el campo de juego y desconcertando a sus rivales.” Con Pep acabaron las individualidades y especialistas. Con él “todos atacaban y todos defendían.” Ahí está el aporte del Pep. En el Barcelona, (“Más que un club”), Pep dejó su huella de innovador, líder e impulsor de grande jornadas y alegrías multitudinarias. Primero jugador, luego entrenador del Barcelona, para Guardiola no habían jugadores insustituibles. Despidió a Ronaldinho Gaucho por indisciplinado y excéntrico, pero tenía al alcance a otro: Lionel Messi. El equipo no fracasó. Impuso disciplina y acompañamiento personal. Logró en el 2009 seis títulos.
Gastón Acurio ocupa el capítulo 2 (Págs. 71-93), con el subtítulo Gastón Acurio: el chef que regala recetas. En la lógica de la innovación, los “secretos profesionales” se comparten, perfeccionan y patentan. Un cocinero huanuqueño, ¿compartiría sus “secretos culinarios” con otros cocineros? Lo más probable es que no, porque le harían competencia y le quitarían clientes. Para nuestro “cocinero mayor” es todo lo contrario, bajo el principio de “agrandando el pastel se benefician todos, en especial los mejores.” Gastón, hijo de un político acciopopulista, estudió derecho en la PUCP, pero sintió una atracción gravitacional por la gastronomía; hoy es dueño de “37 restaurantes peruanos en 11 países (…) que facturan más de 100 millones de dólares anuales.” Dice Gastón: “El cocinero que no divulga sus recetas está condenado a desaparecer”. Añade, refiriéndose a los cocineros del mundo: “…no competimos, sino compartimos.”
El libro de Oppenheimer muestra una galería de notables innovadores, ciudadanos que, con talento, perseverancia y paciencia, logran inventar algo nuevo, distinto y de impacto. Gastón Acurio, Jordi Muñoz, Bre Pettis, Yuste, Pep Guardiola, Richard Branson, Rafel Yuste, quien “pretende crear el primer mapa que permita ver –quizás controlar– las miles de millones de neuronas del cerebro humano.” Silicon Valley, la meca de la innovación (Palo Alto, California), es “el indiscutido centro de la innovación a nivel mundial y la sede de Google, Apple, Facebook, eBay, Intel y miles de compañías de alta tecnología.” Ahí viven, crean y trabajan cientos de ciudadanos del mundo dedicados a investigar, inventar y busca nuevas soluciones a problemas urgentes del siglo XXI. En el libro se plantean cinco claves para la innovación, sin los cuales los pueblos se rezagan y quedan en la eterna pobreza y postergación tecnológica: cultura de la innovación, fomentar la educación para la innovación, derogar las leyes que matan la innovación, estimular la inversión en innovación y globalizar la innovación. Los innovadores de Silicon Valley no se avergüenzan de los fracasos, de lo que “les sale mal”; todo lo contrario, el fracaso es una oportunidad de experimentación y aprendizaje, un paso, una fase del proceso de innovación. El fracaso para ellos es una motivación permanente, no genera sentimiento de culpa, frustración ni desolación. La educación memorística, esa que sirve “solo para aprobar cursos” y “pasar de grado”, es incompatible con la cultura de la innovación.
Dice A. Oppenheimer: “El que se queda siempre haciendo lo mismo, a la larga se queda atrás.” ¡Crear o morir! es un libro que provoca impacto emocional e intelectual en el lector, si la lectura ha sido atenta, con alta comprensión y reflexión. Después de la lectura pensamos diferente. Se aborda a la siguiente conclusión: la innovación tecnológica y educativa es la condición necesaria para el progreso económico, la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos y la lucha contra la pobreza de los pueblos del mundo. La innovación es sinónimo de talentocracia, mentes creativas, inteligencia persistente y audaz que no le tiene miedo al fracaso.