Escrito por: Antonella Marcellini Espinoza
En forma general, podemos decir que el costo de oportunidad es “el costo de rechazar la opción B, por haber aceptado la opción A”. Es muy sencillo, mas tiene gran repercusión en los temas financieros y está muy impregnado en nuestra vida diaria. Por tanto, cabe recalcar la importancia del análisis que este concepto tiene detrás para poder comprenderlo y ponerlo en práctica en nuestras vidas.
Por poner un ejemplo, supongamos que estamos trabajando en una empresa y recibimos una bonificación por buen rendimiento. Ahora imaginemos que solamente tenemos dos opciones: aquel dinero podemos utilizarlo en su totalidad para adquirir bienes o servicios que deseamos comprar hace tiempo, pero también podemos ahorrarlo en algún banco con el fin de recibir un interés futuro. Pero ¿cuál es la mejor opción? Esto dependerá de las repercusiones de cada decisión.
En este caso al tener sólo dos opciones, podemos decir que el costo de oportunidad de comprar bienes y servicios con aquel dinero es el interés futuro que dejaríamos de recibir. De igual modo, el costo de oportunidad de decidir depositar el dinero en un banco sería la satisfacción o disfrute que nos provoca el adquirir un bien o servicio.
Rechazando la segunda opción (el de ahorrar en banco) ya no recibimos el interés que nos podría pagar (un porcentaje del monto total de nuestro depósito). Aquello que desechamos por aceptar alguna alternativa, en este caso el costo de oportunidad puede traducirse en un valor monetario, pero no siempre es así.
¿Cuánto valor monetario tiene la satisfacción que nos produce algún bien o servicio que adquirimos? No es fácil de dar respuesta a esta pregunta porque el valor monetario que les damos a las cosas se vincula con el valor subjetivo que creemos se merecen. Es más, no todas las personas le otorgarán el mismo valor e incluso puede variar en el tiempo: una taza de café en la mañana puede ser más valiosa que en la tarde, porque puede ayudar a que nos despertemos mejor y trabajemos con energía; sin embargo, la tasa de café tiene el mismo precio en la mañana y en la tarde.
Pero ¿qué sucedería si tenemos una tercera opción, por ejemplo, dárselo a algún familiar que lo necesita para un tratamiento de su salud? Naturalmente ahora debemos evaluar más cosas que sólo números y montos. ¿Tiene la salud un precio? Muchos coincidirán en que no, e incluso la vida misma no tiene un precio definido. Esto se debe a que es más complicado medir la satisfacción que se tiene al ver mejorar o recuperarse de una enfermedad a un familiar, un hecho que incluso puede ser trascendental en nuestras vidas.
Otra cuestión importante a tener en cuenta es el tiempo que demandan las alternativas. El tiempo es un recurso y también es necesario recordar que no se recupera, además, es aquel del que depende toda tarea que queramos realizar. Quizá tengamos dos bancos que quieren pagarnos el mismo interés, pero uno lo hace en la mitad de tiempo. Como alcance adicional del tema, recordemos que todo está sujeto a riesgo: quizá ese banco que paga el mismo interés en la mitad de tiempo sea un banco sumamente riesgoso, así que dependerá de nosotros cuando riesgo aceptamos a cambio de lo que esperamos recibir.
Para finalizar, al hablar de costo de oportunidad podemos comparar montos de dinero, porcentajes, tasas, pero no todo apuntará siempre a eso, porque también distinguimos tiempo, plazos, riesgos, y aquello que llamamos “satisfacción o sensación de bienestar”. Las finanzas tienen como propósito llevarnos a una mejor administración de nuestro dinero, pero recordemos que el dinero es un medio para nuestro bienestar.




