Corrupción municipal

Lo que ocurrió en la sesión de rendición de cuentas del aniversario de Huánuco no es un tema menor ni un simple error administrativo. Es una señal preocupante de que algo no está bien dentro de la Municipalidad Provincial. Cuando un regidor afirma que los informes presentados no tenían boletas, ni facturas, ni contratos, estamos frente a un problema de transparencia que no se puede ocultar ni maquillar.


La ciudadanía no es ingenua. Todos vimos stands instalados dentro del Estadio Heraclio Tapia durante la serenata. Vimos atención ordenada, logística, y el movimiento de cajas que ningún vendedor ambulante podría ingresar sin permiso. Por eso resulta inaceptable escuchar que “la venta fue libre” y que el municipio “no recibió ingresos”. No se trata de una confusión, sino de una versión que no cuadra con la realidad. Cuando la explicación oficial no coincide con lo que vio toda la ciudad, lo que aparece no es duda: es desconfianza.


Lo más indignante es que esta falta de claridad se suma a la ausencia continua del alcalde en sesiones clave. Una autoridad que no aparece para rendir cuentas, pero sí para fijar plazos y dar órdenes, envía un mensaje peligroso: que la rendición de cuentas es un trámite y no una obligación con la población. La gestión pública no puede manejarse con silencios ni con declaraciones sueltas. Se maneja con documentos, con orden y con respeto por el dinero que es de todos.


Por eso es correcta la decisión del regidor Joel Arteaga de pedir la intervención del Ministerio Público. Cuando faltan papeles, cuando las versiones cambian, cuando las respuestas no convencen, es necesario que una entidad independiente revise cada detalle. Si la venta fue verdaderamente libre, entonces no habrá problema en demostrarlo ante la Fiscalía. Y si no lo fue, alguien tendrá que asumir la responsabilidad.


Lo que Huánuco espera hoy es sencillo: claridad. Que el municipio entregue toda la documentación sin excusas. Que no se esconda nada. Que no se juegue con la paciencia de la gente. La corrupción no siempre empieza con grandes robos; a veces empieza con papeles que no aparecen, con ingresos que no se registran y con explicaciones que nadie cree.


El aniversario de nuestra ciudad debía ser una celebración, no un motivo de sospecha. Los funcionarios tienen el deber de decir la verdad y mostrar cada gasto con transparencia. La confianza de un pueblo no se pierde de golpe, pero cuando se pierde, cuesta años recuperarla.
Huánuco merece respeto. Y ese respeto empieza por entregar cuentas claras, sin rodeos y sin historias que no coinciden con lo que todos vimos. La corrupción no tiene espacio en una ciudad que quiere avanzar. No lo permitamos.