Construyendo el futuro educativo de Huánuco

El retorno a clases tras el receso escolar suele estar marcado por momentos de alegría y reencuentro entre docentes, alumnos y sus familias. Sin embargo, esta ilusión inicial se ve rápidamente opacada por una realidad desalentadora. En Huánuco, como en muchas otras regiones, la mayoría de los establecimientos educativos muestran signos evidentes de deterioro y abandono, situación que lamentablemente parece no ser prioridad ni para algunos directores de escuela ni para las asociaciones de padres de familia.

Durante una inspección inicial, las autoridades municipales se enfrentaron a esta cruda realidad, descubriendo que casi todas las instalaciones educativas necesitan urgentes reparaciones o, en casos extremos, una reconstrucción completa. Situaciones alarmantes como la del colegio Juana Moreno, declarado inhabitable por Defensa Civil, destacan el peligro inminente que representa para nuestros niños y jóvenes, exacerbado por las inclemencias del clima.

Este panorama no solo se limita a zonas urbanas. En áreas rurales, la situación es aún más grave, con aulas llenas de escombros y mobiliario deteriorado, lo que refleja una negligencia extendida por parte de las autoridades escolares, locales y los mismos padres de familia.

Frente a este escenario, el llamado a la acción es ineludible. En primer lugar a los directores de las instituciones educativas, quienes tienen que formar un rol sumamente importante y primordial en sus escuelas. Se debe de tomar la iniciativa de la mano de los padres de familia, para realizar las acciones correspondientes cuando se requiera algo. No esperen que se caiga la institución. 

Por otro lado, la municipalidad provincial, la UGEL de Huánuco, junto con la Dirección Regional de Educación y el Gobierno Regional, deben unir fuerzas para solucionar el problema de las 180 I.E. en riesgo de colapso. Es vital que se movilicen recursos económicos significativos, no solo para construir aulas modernas donde los estudiantes puedan aprender en condiciones óptimas, sino también para cultivar en ellos un sentido de responsabilidad, respeto y amor por su comunidad. Y por supuesto, sin inflar las obras.

Dicho esto, la solución pasa por una colaboración sin precedentes entre todos los actores involucrados. Debe fomentarse un diálogo constante que trascienda las barreras administrativas y burocráticas, centrando esfuerzos en el bienestar y seguridad de nuestros estudiantes. Es hora de pasar de la inacción a medidas concretas que aseguren infraestructuras educativas dignas, equipadas con tecnología moderna y adaptadas a las necesidades actuales y futuras de la educación.