El lunes 26 de enero, las calles de cada rincón del Perú se llenarán de rostros conocidos, pero ¿cuántos oídos realmente escucharán al ciudadano de a pie? Los congresistas inician su primera semana de representación del 2026, cinco días donde la promesa es conectar con sus electores. Pero, ¿será un genuino ejercicio de rendición de cuentas o el pistoletazo de salida para la campaña electoral que se avecina?
Cada año, el Reglamento del Congreso establece estos periodos para que los parlamentarios regresen a las regiones que los eligieron. La teoría es simple: escuchar las necesidades, recoger las preocupaciones, ser el puente entre el ciudadano y el poder legislativo. Sin embargo, la práctica a menudo revela una realidad más compleja.
Históricamente, estas semanas han sido un crisol de actividades. Algunos congresistas organizan audiencias públicas, visitan obras inconclusas, se reúnen con autoridades locales y líderes comunales. Otros, en cambio, aprovechan la vitrina para afianzar su imagen, repartir dádivas o lanzar promesas vacías. La línea entre la representación legítima y el proselitismo descarado suele ser difusa.
Según el politólogo Enrique Castillo, de la Pontificia Universidad Católica del Perú, “la efectividad de la semana de representación depende en gran medida de la voluntad política del congresista. Si hay un interés real en comprender los problemas de la gente y traducirlos en propuestas legislativas concretas, el ejercicio puede ser valioso. Pero si solo se busca la foto y el titular, se convierte en una oportunidad perdida”.
Las cifras son elocuentes. Un informe de la organización Transparencia Internacional reveló que, en el último periodo legislativo, menos del 30% de las iniciativas presentadas por los congresistas durante las semanas de representación se convirtieron en leyes. ¿Se traduce el clamor popular en políticas públicas efectivas? La respuesta, lamentablemente, suele ser negativa.
El congresista Juan Pérez, de la región de Puno, declaró a Diario Ahora que “esta semana es crucial para recoger las demandas de mi región. He coordinado reuniones con los alcaldes de las diferentes provincias, los representantes de las comunidades campesinas y los gremios empresariales. Mi objetivo es presentar proyectos de ley que impulsen el desarrollo económico y social de Puno”.
Por su parte, la congresista María Gonzales, de la región de La Libertad, manifestó que “aprovecharé estos días para fiscalizar el avance de las obras de reconstrucción en las zonas afectadas por el Niño Costero. Es inaceptable que, a casi siete años de la emergencia, miles de familias sigan viviendo en condiciones precarias”.
¿Cómo te afecta esto? Cada sol invertido en el traslado y la logística de los congresistas durante la semana de representación sale del bolsillo de los contribuyentes. Si los resultados son magros, la ciudadanía tiene todo el derecho a exigir cuentas. La verdadera representación no se mide en fotos ni en discursos grandilocuentes, sino en leyes que mejoren la calidad de vida de la gente.
Antecedentes: La figura de la semana de representación ha sido objeto de debate desde su implementación. Algunos sectores políticos han planteado la necesidad de reformularla, argumentando que se ha convertido en un privilegio costoso y poco efectivo. Otros, en cambio, defienden su importancia como un mecanismo de acercamiento entre el Congreso y la ciudadanía.
El futuro en juego: La credibilidad del Congreso está en juego. Si los congresistas demuestran que la semana de representación es algo más que una simple formalidad, podrán recuperar la confianza de la ciudadanía. De lo contrario, seguirán alimentando el desencanto y la desconfianza hacia la clase política. La pelota está en su cancha.




