Congresista Medina evita responsabilizar a Picón y atribuye uso de drywall en el Hospital de Tingo María a la gestión de Rubén Alva

La visita de la congresista Elizabeth Medina a la provincia de Leoncio Prado reactivó un debate sensible en la región: las responsabilidades políticas y técnicas detrás de la prolongada crisis del Hospital de Tingo María, una obra que arrastra años de retrasos, reformulaciones y cuestionamientos públicos. Durante una entrevista, la parlamentaria fue abordada sobre su colega Luis Raúl Picón, actual congresista y exgobernador regional de Huánuco (2011–2014), a quien se le atribuyen críticas vinculadas a decisiones adoptadas en etapas anteriores del proyecto.

El periodista le planteó directamente que debía “conocer la historia” del hospital, señalando que durante la gestión de Picón habría ocurrido un cambio controversial en la estructura —“del ladrillo al drywall”—, e incluso le sugirió impulsar una moción de investigación y una eventual sanción, tal como Medina llevó denuncias contra otras autoridades regionales ante instancias del Congreso.

Sin embargo, lejos de responder con una acusación o un deslinde político, Medina optó por un discurso de cautela. Afirmó que ha revisado el expediente técnico y recordó que la obra tiene una historia extensa y compleja, en la que han intervenido distintas gestiones y se han realizado múltiples modificaciones, por lo que evitó emitir señalamientos directos sin documentación concluyente.

¿Blinda a colega?
Ante la presión del entrevistador, la congresista sostuvo que ha estudiado el proyecto con detalle y que el hospital no puede reducirse a un solo periodo de gobierno. “Son más de 18 años”, explicó, precisando que por la obra han pasado diversas autoridades, incluidos exgobernadores y equipos técnicos responsables de reformular expedientes y modificar componentes del diseño original.

Medina señaló que el hospital registra entre 10 y 11 reformulaciones, una cifra que grafica el nivel de cambios acumulados y las complicaciones administrativas que ha atravesado el proyecto. En ese contexto, remarcó que no está dispuesta a “adelantar juicios” ni a “involucrar cosas” que no le consten, subrayando que para ella la responsabilidad política debe sostenerse en evidencia verificable.

La congresista fue enfática: dijo que no mentirá ni incriminará de manera deliberada a una persona, y reiteró que, hasta el momento, no ha encontrado una prueba concreta que sustente que Picón haya incurrido en una incongruencia o mala gestión específica dentro del caso mencionado.

Informe de Contraloría
En medio de los cuestionamientos, Medina apuntó a un elemento clave: la existencia de un informe de Contraloría, el cual —según indicó— ya ha identificado responsabilidades y establece sanciones administrativas y penales para determinados involucrados. Bajo esa lógica, sostuvo que su rol no debe basarse en rumores o interpretaciones políticas, sino en informes oficiales y evidencia técnica documentada.

En su respuesta, Medina descartó que pueda “dar fe” de lo que se le estaba señalando, afirmando que no corresponde emitir un pronunciamiento acusatorio sin sustento directo. Esta postura, aunque prudente para algunos, fue interpretada por otros como un silencio político frente a un tema altamente sensible en Huánuco.

La obra del Hospital de Tingo María, por su parte, continúa siendo considerada emblemática por la ciudadanía debido a los costos acumulados, los retrasos y el impacto directo en la atención de salud en Leoncio Prado. En este escenario, las declaraciones —o la ausencia de ellas— adquieren un peso político mayor.

Otorongo no come otorongo
La reacción ciudadana no tardó en aparecer. En sectores locales y en redes sociales resurgió la frase popular “otorongo no come otorongo”, utilizada cuando se percibe que las autoridades evitan confrontarse o investigarse entre sí. Parte de la crítica apunta a que, pese a coincidir como representantes por Huánuco, Medina y Picón no sostienen enfrentamientos directos en temas de alta relevancia regional, como el caso del hospital.

En esa narrativa pública, el Hospital de Tingo María es visto como una obra marcada por una cadena de decisiones —técnicas y políticas— que atraviesan varias gestiones. En particular, se ha recordado que el cambio de material noble a drywall fue ampliamente cuestionado, y que existen periodos donde ese tipo de modificaciones se convirtieron en detonantes de nuevas reformulaciones y paralizaciones.

Pero Medina insistió en que no puede responsabilizar a Picón sin pruebas y que no está en condiciones de formular acusaciones sin respaldo técnico, incluso cuando se le solicitó que lleve el caso al Congreso como parte de una investigación.