La imposición de aranceles por parte de la administración Trump, una política central de su agenda, vuelve a estar en el centro del debate. La promesa de **reciprocidad arancelaria**, es decir, la equiparación de aranceles con los que otros países imponen a los productos estadounidenses, ha generado controversia por la metodología empleada para su cálculo. Este enfoque, presentado como una medida para equilibrar el comercio, podría tener un impacto significativo en las relaciones comerciales globales, especialmente en sectores como la automoción y la agricultura, donde las barreras arancelarias son un factor clave.
Según la investigación publicada por The New York Times, el Presidente Trump justificó la imposición de aranceles, argumentando que reflejaban las barreras comerciales que otras naciones habían mantenido durante mucho tiempo contra los productos estadounidenses. La transparencia en la metodología de cálculo de estos aranceles, sin embargo, fue inicialmente escasa, generando interrogantes sobre su validez y equidad.
El análisis de los aranceles propuestos revela una fórmula aparentemente simple: tomar el déficit comercial de Estados Unidos con un país y dividirlo por las exportaciones de ese país a Estados Unidos. Posteriormente, esta cifra se reduciría a la mitad, como un gesto de «benevolencia», según el propio Trump. Este método de cálculo fue inicialmente señalado por James Surowiecki, un analista financiero, a través de la red social X, desatando una ola de especulaciones sobre la base real de las tarifas.
Contrasta este enfoque simplificado con la declaración previa de Trump, quien había afirmado que los aranceles reflejarían «la tasa combinada de todos sus aranceles, barreras no monetarias y otras formas de engaño». Estas barreras no monetarias, que incluyen regulaciones y políticas consideradas desfavorables por la administración Trump, son inherentemente difíciles de cuantificar, lo que añade complejidad al proceso de determinación arancelaria.
Funcionarios de la Casa Blanca habían declarado previamente que el Consejo de Asesores Económicos había calculado las cifras utilizando metodologías establecidas. La premisa subyacente, según estos funcionarios, era que el déficit comercial con un país es el resultado de prácticas comerciales desleales. Esta postura, sin embargo, fue matizada posteriormente, reconociendo que la fórmula se basaba esencialmente en la relación entre el déficit comercial y las exportaciones del país en cuestión.
Expertos como Emily Kilcrease, del Center for a New American Security, señalan la dificultad inherente en establecer una tasa arancelaria recíproca precisa. Dada la premura por implementar esta política, el cálculo parece ser una aproximación que se alinea con los objetivos políticos de la administración. La implementación de estos aranceles podría provocar represalias comerciales por parte de otros países, lo que tendría un efecto dominó en la economía global. Un dato contextual importante es que, en 2024, el déficit comercial de EE.UU. alcanzó los 948.100 millones de dólares, lo que subraya la magnitud del desequilibrio comercial que la administración Trump busca abordar.




