¿Cómo salir de la pandemia de la COVID-19?

Por John Nkengasong (*)

El mes pasado, en mi calidad de director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África, pedí que se aplazaran temporalmente las donaciones de vacunas contra la COVID-19 a África hasta los trimestres tercero y cuarto del año. Ahora mismo, la necesidad más acuciante de África es administrar las vacunas que tenemos a las personas que quieren vacunarse.

Cada país es único en lo que respecta a sus necesidades para combatir la COVID-19, pero las dificultades logísticas y los problemas de la renuencia ante las vacunas —similares a los que se ven en otros lugares de todo el mundo— superan por ahora el de su escasez en el continente. No queremos vacunas que haya que desperdiciar. Ahora que el suministro no es el principal problema, tenemos que concentrarnos en una mejor distribución.

El impulso hacia la normalidad debería acompañarse de unos esfuerzos concertados para alcanzar unas altas tasas de vacunación universales.

Solo el 15 % de la población de África está completamente vacunada. Debido a esto, la trayectoria de la pandemia en el continente sigue siendo impredecible e incierta. Con unas tasas de vacunación bajas, corremos el riesgo de vernos azotados por nuevas variantes que puedan afectar gravemente a la efectividad de la vacuna a nivel global y limitar una vez más la vida de las personas.

Los países africanos han sido extraordinariamente resistentes en su lucha contra la pandemia hasta la fecha, y también estamos trabajando en una estrategia para acabar con la emergencia por COVID-19 en 2022. El 5 de febrero, el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, quien encabeza la respuesta contra la COVID-19 de la Unión Africana, presentó un informe completo en la Cumbre de la UA de jefes de Estado y gobierno.

Como parte de ese plan, que recibió el apoyo unánime, los gobiernos deben comprometerse a alcanzar unas tasas de vacunación superiores al 70 % en sus países para finales de 2022. Solo unos 14 Estados miembro de los 55 de la UA han vacunado hasta ahora a más del 40 % de la población de sus países que cumple los requisitos para ello.

Para que las campañas de vacunación funcionen, la donación de vacunas debe ser estrechamente coordinada con Covax o con las iniciativas del Equipo de Adquisición de Vacunas para África, y asegurar así que los países africanos no se vean desbordados. También existe la urgente necesidad de remodelar el mercado de compra de vacunas para asegurar que las producidas en África sean compradas y distribuidas en todo el continente y que también se puedan exportar a otros lugares.

A medida que sigan llegando vacunas, los dirigentes de los países africanos tendrán que proceder a distribuirlas: a conseguir vacunar a la gente. Esto requerirá que los países descentralicen los centros de vacunación, ya sea mediante unidades de vacunación móviles para campañas masivas, implicar a las organizaciones religiosas para que animen a las congregaciones y comunidades a vacunarse, permitir que los centros de vacunación estén operativos los fines de semana para vacunar a las personas que a diario están demasiado ocupadas y animar a los jóvenes a vacunarse; según algunas estimaciones, alrededor del 60 % de la población del continente es menor de 25 años. En algunos países africanos, como Uganda, las campañas de vacunación masiva en lugares como bares han resultado efectivas para mejorar la aceptación de la vacuna.

Los países también deberían aprovechar la infraestructura sanitaria global existente ya utilizada con eficacia frente al VIH/sida, y que incluye formas de gestionar las cadenas de suministro de fármacos y de vigilancia del virus. 

Por último, en muchos hogares de África, la pandemia ha generado una especie de tormenta perfecta para la salud mental, el estrés, la incertidumbre económica y el aislamiento social. Estas circunstancias han dado lugar al maltrato doméstico de familiares o parejas, así como un aumento del consumo de alcohol y sustancias. Para África es urgente abordar las consecuencias de los confinamientos, mediante esfuerzos como el establecimiento de servicios de terapia locales.

La comunidad global debe actuar de forma colectiva y decidida para controlar la pandemia de COVID-19 en África. De lo contrario, el creciente optimismo que siente la gente en todo el mundo al ir volviendo a la normalidad podría verse comprometido por el surgimiento de nuevas variantes en otros lugares con una vacunación limitada. Esta pandemia ha demostrado que nuestra interconexión y vulnerabilidad son mucho mayores de lo que muchos pensaban, y que permitir que persistan las desigualdades en la salud es un riesgo demasiado alto. Ahora debemos salir de esta pandemia todos juntos, en aras de nuestra humanidad común.

* Es director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África, una institución de la Unión Africana.