Por Peter S. Goodman
Durante buena parte de este año, la respiración de Joseph Norwood estuvo ligada a una competencia con gente ansiosa por comprar una nueva versión de sus iPhone. Norwood tiene apnea del sueño, es decir, que suele dejar de respirar mientras duerme.
Un dispositivo conocido como CPAP (la sigla en inglés para presión positiva continua en la vía aérea) puede bombear aire por medio de una mascarilla mientras la persona duerme, lo que reduce en gran medida el riesgo de una muerte súbita.
Sin embargo, estas máquinas necesitan chips de computadora, un componente que sufre una escasez crítica en medio de la Gran Interrupción de la Cadena de Suministro. Norwood esperó más de seis largos meses para recibir su dispositivo.
“Sentí que se tardó toda la vida”, opinó. “No he trabajado. No he hecho casi nada”.
En todo el mundo, la gran mayoría de las mayores industrias está compitiendo por garantizar el suministro escaso de chips de computadora.
Las empresas que producen los chips de computadora —la mayoría de las cuales están ubicadas en Asia— han aumentado la producción mientras se las arreglan para cumplir los pedidos de sus clientes más importantes. Esto ha complicado de una manera excesiva la compra de chips para las empresas más pequeñas. Uno de esos compradores especializados es ResMed, la empresa con sede en San Diego que fabrica el CPAP que Norwood recibió el mes pasado.
“A los dispositivos médicos se les está negando todo”, comentó en una entrevista el director ejecutivo de la empresa, Michael Farrell. “¿Necesitamos otro celular? ¿Otro auto eléctrico? ¿Otro refrigerador conectado a la nube? ¿O necesitamos otro respirador que le regale el tesoro de respirar a una persona?”.
Según Farrell, ResMed ha tenido dificultades para comprar suficientes chips, lo cual ha limitado su capacidad para producir una variedad de equipo vital, desde respiradores que usan pacientes con COVID-19 hasta dispositivos respiradores que mantienen con vida a bebés prematuros.
Farrell ha tenido que encarnar un papel fuera de lo común: suplicarles a sus proveedores que le repartan más de sus productos para que su empresa pueda ocuparse del creciente retraso en los pedidos.
“Estoy luchando contra todas las automotrices y empresas de comunicación celular de renombre y otras que también quieren más suministros”, señaló Farrell. “Somos un porcentaje tan pequeño de la producción total de chips semiconductores que a menudo no logramos llamar la atención”.
La escasez afecta a todos los sectores. Pero al igual que las aerolíneas les dan prioridad a sus pasajeros más frecuentes ante una ventisca que cancela vuelos, los fabricantes de chips están favoreciendo a sus mayores clientes, dicen los expertos.
En parte, la escasez es el resultado de los esfuerzos mediocres para anticipar el impacto económico de la pandemia.
A inicios de 2020, el surgimiento de la COVID-19 en China propagó temores de una recesión mundial que iba a destruir la demanda de una gran gama de productos. Esto provocó que los compradores principales de chips —en especial las automotrices— redujeran sus pedidos. En respuesta, las plantas de semiconductores recortaron su producción.
Eso fue un error colosal. Sin embargo, los confinamientos impuestos para restringir la propagación del virus aumentaron la demanda de una variedad de productos que usan chips, como los monitores de computadoras personales y las impresoras para equipar las nuevas oficinas caseras.
Para cuando la industria mundial se percató de que estaba aumentando la demanda de chips, fue demasiado tarde.
Cuando una empresa como ResMed obtiene la autorización regulatoria para utilizar un proveedor, no puede simplemente buscar uno nuevo que pueda tener existencias listas de chips sin primero pasar por un proceso de aprobación que consume mucho tiempo.
Esto quiere decir que ResMed tuvo que arreglárselas para obtener más chips de la cadena de suministro de la que dependía.
Frente a la posibilidad de quedar excluido, Farrell analizó su cadena de suministro con el fin de identificar a los proveedores de sus proveedores, con la esperanza de persuadirlos para priorizar las fábricas de ResMed.
Pronto, Farrell se dio cuenta de que una de las razones principales de que su proveedor de chips no pudiera satisfacer su demanda era que —cinco niveles arriba en la cadena— un fabricante taiwanés de discos de silicio había agotado su inventario.
Como la planta no podía entregar más productos, el siguiente eslabón de la cadena —una empresa que combina discos y sistemas de circuitos— no podía producir más de sus componentes. Esto implicaba que otra compañía que compra esos componentes y los empaca no podía hacer más.
Y eso implicaba que el proveedor de tarjetas de circuitos de ResMed no podía comprar suficientes cantidades de esos componentes, por lo tanto las fábricas de ResMed en Singapur, Sídney y Atlanta no tenían suficientes tarjetas de circuitos.
Farrell se echó la responsabilidad al hombro para intentar que no se desarticulara su cadena de suministro. Tras echar mano de sus contactos en Australia, donde nació y creció, concertó una conversación con un miembro del consejo de la empresa de discos.




