COLOQUIO CON MI SEMEJANTE

Escrito por: DENESY PALACIOS JIMENEZ

“Porque mi patria es hermosa como una espada en el aire, y más grande ahora y aún más hermosa todavía, yo hablo y la defiendo con mi vida” Javier Heraud

 

Estas frases de Heraud, me traen a la memoria el momento que vivimos en el Perú, y el asentado repudio que hay hacia lo nuestro, y es consecuencia del imperante modelo cultural reinante desde la colonia, y luego en la República siguió por muchos años, sin ser visibilizados, es recién en el gobierno de Velasco y su Reforma educativa, que se tomó en cuenta que somos un país pluricultural y multilingüe, y empezó a enseñarse el quechua en las Instituciones educativas. Porque uno de los grandes problemas para ejercer justicia era el poco entendimiento por su lenguaje de este sector de la población.

El indigenismo peruano surge como un movimiento literario y artístico, como por ejemplo José Sabogal en la Pintura, Daniel Alomia Robles en Música,

 Julio C. Tello que postula el origen de la cultura Andina como autóctona, Martin Chambi en la fotografía, y así sucesivamente fue copando las diversas escuelas, generaciones literarias,  surge como corriente del pensamiento con Mariátegui cuando en su obra los Siete Ensayos de la Realidad Peruana, plantea que el problema del Perú es la situación en la que se encuentra el indio.

Han pasado doscientos años de vida republicana y queda todavía las reminiscencias del pensamiento, de los triunfadores en los movimientos independistas, me refiero a los criollos, porque los movimientos sociales indígenas y mestizos habían sofocado con mucha severidad, como ejemplo podemos citar la forma como se dio muerte a Túpac Amaru, su familia y sus seguidores más cercanos. Ese trauma de desprecio hacia lo nuestro ha quedado en el subconsciente colectivo de un sector de peruanos que aún sienten desprecio y manifiestan su marginación hacia el sector con rasgo más indígenas o del interior del país, pues la capital de los Reyes, se quedó como capital del nuevo Perú que surge en la República. Sin lugar a dudas, la literatura ha jugado un papel muy importante de reivindicar al indígena, presentando su problemática desde sus propias vivencias y lógicamente que ha tenido un rol orientador de denunciar las condiciones de explotación y marginación del indígena. Somos tan conscientes de este problema que hubo la necesidad de crear un Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social.

Pues el indigenismo literario desde Huamán Poma de Ayala, el Inca Garcilaso de la Vega, Mariano Melgar; Manuel Gonzales Prada ya en el siglo XIX, Clorinda Matto de Turner con su novela Aves sin Nido. En el siglo XX a José Santos Chocano con su poesía de mestizaje americano, Ventura García Calderón con la obra “La Venganza del Cóndor”, Abraham Valdelomar, José María Arguedas, Manuel Scorza, Luis Eduardo Valcárcel, Ciro Alegría, Enrique López Albujar, César Vallejo, entre otros notables

Así como historiadores, como Jorge Basadre, Manuel Burga, Flores Galindo, Wilfredo Kapsoli, este último en su revelador libro Ayllus del Sol – Anarquía y Utopía Andina expone las relaciones y conexiones existentes entre militantes de ideología y afiliación anarquista y varios de los dirigentes campesinos que lideraron las rebeliones indígenas, formándose el Comité Pro-Derecho Indígena (1920-23)

El caso de la República Aristocrática sufrió su primer resquebrajamiento durante la corta presencia populista de Guillermo Billinghurst (1912-13), apoyándose en las capas urbanas puso en jaque a la oligarquía civilista, que recobró su poder con un golpe militar, sin embargo, fue un avance al movimiento obrero urbano.

Comprendo a las amigas y compatriotas que aún no se dan cuenta, que este movimiento se ha gestado desde inicios de la República, es por eso que en el Bicentenario se requiere la gran transformación, para que todos los peruanos consigamos el ideal de vivir como hermanos y en bienestar, no tengamos miedo al gran cambio, terminaré citando a José María Arguedas: “considerar al Perú, como una fuente infinita para la creación”.