Por: Israel Tolentino
Hay mucha obra de Jorge “Coco” Gozales Lohse (Santiago de Chile, 1965) que tranquilamente se podría mostrar, sin embargo, para eso, es mejor googlearlo, buscarlo en cocogonzalezlohse.blogspot.com. En este texto nace mostrar algunas fotografías personales, verlo en su área de intimidad (un compartir visual con su permiso), es la mejor manera de adentrarse en los significados de “desperté lleno de presagios”, en la adivinación del porvenir (¿cómo queda, cuando ha sido vivido?), como leía en un texto en la red “Lo importante no es el presagio en sí, sino la interpretación que se hace de él”.
Hay veces que escribir sobre un tema inasible, se vuelve un aleteo de mariposa en la oreja, un nudo en las tripas… Esa tarde, al recibir la invitación de “Coco”, me alegró en primera; luego, pasados los días, pensar en esa frase: “desperté lleno de presagios”, acarreó un desencanto por trazar un significado y del cuerpo se fue apoderando y subiendo desde el estómago hasta posarse sobre los hombros, como una cuerda u otro objeto elástico, un estremecimiento que ajustaba los omóplatos, endurecía los brazos, flaqueaban los dedos frente al teclado de la laptop. Semejante pregunta, colisionaba la subsistencia con el horario de los días. La sencilla salida de ojear el diccionario se desvanecía en la fuerza brutal de la obra multidisciplinaria y prolífica de hacedor de la pregunta. Otra vez el aleteo en las orejas, la imposibilidad de hallar tranquilidad para adivinar una respuesta.

Cuenta Luis Millones, en Augurios y presagios en los Andes precolombinos lo siguiente: “Cabría reflexionar si otros mensajes del más allá podrían ser calificados como augurios (…) Fue Atahualpa, hijo de Huayna Cápac, uno de los rivales por el control del imperio, que al desplazarse de Quito a Cajamarca decidió consultar al oráculo norteño sobre el destino que le aguardaba en relación con su guerra contra Huáscar, el otro hijo de Huayna Cápac, que lo enfrentaba con las tropas cuzqueñas. La respuesta del oráculo no auguró nada bueno para Atahualpa y en furiosa reacción hizo sacrificar al sacerdote mayor del templo y destruir los edificios donde moraba Catequil. Eso no impidió que la profecía se cumpliese. Poco más tarde, en Cajamarca, el pretendiente al trono de los incas cayó prisionero de los conquistadores, y finalmente fue ejecutado tras un juicio sumario”.

Los presagios de “Coco” me despertaron este miércoles doce, con la imagen de una de sus recientes pinturas en grises, donde Joseph Beuys, con un gentío en movimiento, con lanza alzada entre las dos manos, intimida al observador. Otra vez, sentándome frente a las teclas empecé a tipear este sentimiento “presagio”, a darme cuenta de que al escribir y hablarlo, cualquiera de sus significados se desvanecían, habían sucedido. La sonrisa y cabellera de artista juguetón (“Coco”) y partes del texto de Ramón Castillo, limpiaban la pesadilla. “DESPERTE LLENO DE PRESAGIOS: BIOGRAFÍA, CRUCES Y DESVÍOS Es una exposición de Coco González Lohse sobre su presente creativo y el rol del arte respecto del pasado y el futuro, su involucración en la historia del arte como un espejo de la historia humana, la historia y los recorridos por las ciudades del continente latinoamericano y de su universo contingente, absurdo, onírico, lúdico, contradictorio y crítico.”

La existencia de “Coco” es un presagio que se cumple diariamente, nuestra mirada asiente su devenir, como un rayo de sol que se estrella en medio de su rostro y acentúa sus facciones para refractar su sonrisa con todos los que lo conocemos y conocerán.

Cuando hay una vibración que no te asienta bien, se suele practicar una “limpia”, algo así como botar las malas energías; se limpia el cuerpo, la casa, el lugar de trabajo. Bien se podría, a partir de “desperté lleno de presagios”, limpiar el mundo del arte, quizás sin necesidad del garrote de Beuys, pero sí, con la fuerza positiva, que diariamente, se dibuja en la cara de “Coco” (Pozuzo, marzo 2024).




