Jorge Farid Gabino González.
La semana que ha pasado ha sido, para variar, particularmente tumultuosa para nuestra política peruana. Lo ha sido gracias no ya a la convergencia nefasta de los astros, como no pocos propugnan, sino de las siguientes circunstancias: la anulación del indulto al bandido Fujimori; la propuesta para liberar a este de prisión en virtud de una ley con nombre propio; las amenazas del fiscal de la Nación, Pedro Chávarry, en contra de nadie más y nadie menos que del presidente Vizcarra; la marcha atrás del Congreso en el caso de César Hinostroza, a fin de que sea investigado por formar parte de la organización criminal “Los cuellos blancos del puerto”; la escandalosa absolución de Daniel Urresti en el caso del desaparecido periodista Hugo Bustíos; el accidentado tramo final y, sobre todo, los resultados de las insospechadas, inusuales, inopinadas elecciones regionales y municipales.
Nada de ello, sin embargo (con todo y ser la anterior una lista de no poca envergadura) se puede equiparar a la inefable reacción de Fuerza Popular y, particularmente, de la señora Keiko como consecuencia de la anulación del indulto al exdictador.
El terremoto político lo desató el juez supremo Hugo Núñez, quien tuvo la valentía de revocar el indulto humanitario que Pedro Pablo Kuczynski le concedió al expresidente Fujimori y ordenar, asimismo, su inmediata captura; con lo que retornaría a prisión a culminar su sentencia de 25 años, la misma a la que, como se recordará, fue condenado por los jueces César San Martín, Víctor Prado y Hugo Príncipe.
Como se recordará, fue durante el mes de enero que el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Fuerza Popular dio sus primeras declaraciones en torno al indulto brindado al expresidente Fujimori. En ellas expresó que, por unanimidad, saludaba la libertad de su líder histórico, aunque discrepaba respecto de la forma en que esta se había conseguido.
Lo desconcertante del caso, no obstante, es que muchos de quienes conforman el CEN de Fuerza Popular, esto es, además de Keiko Fujimori, José Chlimper, Miguel Ángel Torres, Héctor Becerril, Cecilia Chacón, Wilfredo Ponce de León, Víctor Medina, Karina Beteta, Marco Antonio Pacheco, Edwin Vergara, Antonio Medina, Milagros del Carmen Manchego, Luis Galarreta, Juan Rengifo, Marco Miyashiro, Elard Melgar y Daniel Salaverry, hoy despotrican en contra de la anulación del susodicho indulto. ¿En qué quedamos?
La vocera de Fuerza Popular, Úrsula Letona, por ejemplo, no ha tenido empacho ninguno en acusar al Gobierno de estar detrás de la decisión judicial: “No tenemos pruebas (…), pero en política no hay coincidencias. Es una clara intromisión de lo que pasa en el Poder Judicial. Me sorprende la poca consistencia en la que se está actuando. Esta decisión tiene trasfondo de venganza”. Por su parte, Héctor Becerril ha elevado también el grito al cielo, afirmando que “las calles deben manifestarse rechazando esta resolución ‘política’ que solo alienta la división y el odio y que condena a muerte al hombre que hizo viable este país”. Quién diría, ¿no?
Como sea, la que a no dudarlo se lleva el Óscar a la mejor actuación es la señora Keiko, cuyas inusuales lágrimas fueron la cereza que coronó el pastel, la gota que colmó el vaso. Y no solo porque sea ampliamente conocido aquello de que cuando su propia madre más la necesitaba, optó por ponerse del lado del dictador, del lado del poder, demostrando su total y absoluta sangre fría; sino sobre todo porque hoy se sabe, gracias a las declaraciones del congresista Roberto Vieira, que fue el esposo de la señora Fujimori, Mark Vito Villanella, quien le pidió en 2013 que no siguiera intercediendo para lograr el indulto del encarcelado expresidente, ya que de lograrse este, “podría entorpecer la candidatura de Keiko” en las elecciones presidenciales de 2016. ¿No que no?
Razón tenían en su momento, y ahora más que nunca, tanto Alejandro Toledo como Daniel Urresti, cuando afirmaban de Keiko Fujimori, respectivamente lo siguiente: “Una persona que no quiere a su madre no quiere a nadie”. “Si Keiko Fujimori traicionó a su madre, ¿por qué no puede traicionar a su padre?”.
Sabias palabras las de estos dos ilustres personajes de nuestra política peruana. No menos sabio es el refrán que a raíz de lo acontecido viene circulando por las redes sociales: “Clima serrano, cojera de perro y llanto de Keiko… no son de creer”.



