El fenómeno no es solo entusiasmo: ya empuja un debate incómodo sobre cuántos trabajos de software podrían cambiar en meses, y quién quedará fuera cuando el código deje de ser el filtro.

Claude Code viral: Microsoft lo instala junto a Copilot y el CEO de Anthropic alerta que la programación “end-to-end” podría automatizarse en 6–12 meses

Una herramienta de programación con IA, pensada para ingenieros, empezó a comportarse como producto de masas: Claude Code, de Anthropic, se está volviendo viral en el corazón de la industria tech tras ser instalada dentro de Microsoft incluso para “prototipado” con personal no técnico. El fenómeno no es solo entusiasmo: ya empuja un debate incómodo sobre cuántos trabajos de software podrían cambiar en meses, y quién quedará fuera cuando el código deje de ser el filtro.

El “quién lo dice” ya no es un influencer: es Microsoft. The Verge reportó que la empresa instruyó a empleados de equipos clave —incluidos grupos que sostienen productos como Windows, Microsoft 365 y Teams— a usar Claude Code junto a GitHub Copilot, y que también está animando a diseñadores y project managers a probarlo para creación rápida de prototipos. En paralelo, Anthropic presume un hito que explica por qué las grandes empresas miran: la compañía anunció que Claude Code llegó a US$ 1.000 millones en ingresos anualizados (run-rate) seis meses después de su lanzamiento público. Y cuando la adopción llega primero por dentro, el mercado suele enterarse después.

US$ 1.000 millones en run-rate.
Miles de empleados instalándolo.
Y dos asistentes de código conviviendo en la misma empresa.

Esa combinación no se parece a una moda: se parece a un “cambio de herramienta obligatoria”, y lo que sigue es el punto donde el entusiasmo choca con el miedo.

El combustible de la viralidad no ha sido un anuncio corporativo, sino demostraciones públicas. En esa ola, se citó el caso de Jaana Dogan, ingeniera principal en Google, quien compartió que Claude Code armó en una hora el prototipo de un sistema de orquestación de agentes distribuidos que su equipo habría trabajado por un año (aunque ella misma aclaró que no era producción). Ese tipo de contraste —horas versus meses— es el que convierte una herramienta “para devs” en conversación de directorios: no promete ayuda, promete reemplazo parcial de procesos. Y el sector ya se está moviendo para llevarlo fuera del nicho.

La señal más clara de “expansión” vino con Cowork, el nuevo modo de Anthropic orientado a usuarios sin programación. TechCrunch describió que Cowork, integrado en la app de escritorio, permite designar una carpeta para que Claude lea o modifique archivos con instrucciones desde chat, reduciendo la barrera técnica para usar algo parecido a Claude Code. Pero ahí aparece el giro delicado: cuando una IA puede tocar tus archivos y producir entregables, deja de ser “asistente” y se convierte en operador de tareas, y eso hace que la discusión ya no sea solo de productividad, sino de control y riesgos.

Esa discusión estalló en Davos con una frase que cayó como piedra en el bolsillo de cualquier programador. En un intercambio citado por Entrepreneur, el CEO de Anthropic, Dario Amodei, dijo: “podríamos estar a entre seis y 12 meses de que el modelo esté haciendo la mayoría, tal vez todo, lo que hacen los ingenieros de software de principio a fin”, y añadió que tiene ingenieros que ya no escriben código, sino que lo dejan al modelo y luego lo editan. No es una predicción neutra: es una advertencia desde la misma fábrica del producto, y explica por qué Microsoft no lo está probando “a futuro”, sino ahora.

La pregunta que queda —y que también toca a regiones donde la programación era una vía de movilidad social y trabajo remoto— es simple y dura: si las grandes empresas ya entrenan a su gente para “vibrar” especificaciones y dejar que la IA escriba, ¿qué se exigirá mañana para contratar a un junior, y quién certificará que el código que produce una máquina es seguro antes de ponerlo en producción? Ese choque entre viralidad y empleo recién empieza, y el siguiente capítulo se escribirá con una lista concreta: qué roles se recortan, cuáles se transforman y quién lo admite públicamente primero.