Por: Arlindo Luciano Guillermo
Todo pasa, nada se mantiene igual. El cambio se produce por tomar conciencia de innovar, adaptarse a nuevas circunstancias y necesidades o por presión del entorno sociocultural. Los docentes ya no enseñan como en el siglo XX, las técnicas de estudio no privilegian la memoria, la letra no entra con sangre ni el autoritarismo de los padres es la regla en la familia. Hoy los hijos, cual sea su edad, tienen derecho a opinar, decir lo que piensan y sienten, elegir preferencias y sentimientos, aunque no toman decisiones ni ejercen voto. El aire que respiramos no es el mismo que respiraban nuestros abuelos. El estrés es una “enfermedad silenciosa” que puede matar o dejar postrado al ciudadano que se carga de presión laboral, tiene los nervios de punta por la estrechez económica y el represamiento de problemas no resueltos. No cambiar significa hacer lo mismo, actuar con lo mismo y producir lo mismo.
En nuestro alrededor siempre hay ciudadanos que pueden cambiar la vida y dejar una huella indeleble que nos acompañará por el resto de la vida; también respiran en la nuca aquellos ciudadanos que intoxican, provocan negatividad y desaliento, para ellos todo está mal, su misantropía es tan grande que quieren que compartamos su bilis y su visión trágica de la vida; otros inspiran simpatía, confianza por sus actitudes y credibilidad por lo que dicen y hacen. Dejar huellas en los demás es haber generado un cambio consciente, un giro significativo en la vida y en el modo de pensar, actuar y sentir. Los insultos, el odio, la repugnancia y el rechazo, cuando la autoestima es elevada y la dignidad intacta, no afectan ni se convierten en estigmas para recordar en todo momento. Quien ofende de hecho y palabra jamás deja huellas; quien respeta y aprecia tiene un lugar privilegiado en la memoria.
Si nada es perfecto, entonces que alguien cometa errores, tenga defectos e incurra en equivocaciones es inevitable. La resistencia al cambio es un craso error. La tecnología, la cultura posmoderna, los nuevos desafíos de la gestión pública y el surgimiento de paradigmas en la educación, la economía, la política y la cultura obligan, de modo imperativo, a asumir el cambio como una necesidad de sobrevivencia laboral y ciudadana, de amoldamiento a la innovación y prosperidad profesional y salarial. No basta ser un eficiente profesional, un líder exitoso o un gerente innovador, también es necesario construir una reputación visible, sólida y consistente, que no es un camino a la santidad ni a la pulcritud absoluta de la moral. Se refiere, con precisión, a crear condiciones sostenibles para que la actitud y el desempeño del líder tengan credibilidad y confianza. El enfoque reputacional apunta a que el servidor público o cualquier ciudadano merezca el reconocimiento del desempeño, de las buenas prácticas y el aporte a la gestión pública.
Siempre tenemos un verso, una canción o una película que jamás olvidaremos, que volveríamos a leer, cantar o ver una y otra vez. Viven entre nosotros ciudadanos que han influenciado poderosamente en el rumbo de la vida y de las actitudes. Algunos escritores piensan, sienten y escriben como Mario Vargas Llosa, pero no son Vargas Llosa; muchos componen versos como Pablo Neruda, César Vallejo o Federico García Lorca, pero no son esos poetas, sino ellos mismos; muchos actores tienen la “sombra” de Marlon Brandon (El padrino), Anthony Hopkins (El silencio de los inocentes), Robert de Niro (Casino), Antonio Banderas (La leyenda del zorro) o Julia Roberts (La sonrisa de Mona Lisa), pero no son estos actores históricos. Los viejos maestros de primaria eran verdaderos paradigmas, que vestían con terno elegante, zapatos brillantes, peinado engominado y con raya visible; inspiraban gran respeto, su autoridad indiscutible no se cuestionaba; su palabra era ley, enseñaba con el ejemplo, se dedicaba no solo a “llenar” la cabeza con conocimiento, sino que enseñaba para la vida, para resolver problemas y cómo buscar la felicidad mientras dure la oportunidad de vivir una sola vez en la Tierra.
Los ciudadanos que ejercen cargos públicos saben que tiene que tomar decisiones respetando la ley. Saben que fueron elegidos por un período para resolver problemas que beneficien a los ciudadanos, mejorar la calidad de vida y darles acceso, con equidad y justicia, a los servicios de educación, salud, empleo y seguridad. Además tienden puentes para las alianzas estratégicas y las coordinaciones con sectores sociales y políticos. La gobernabilidad no es liderar un país, una ciudad o una región solo por mayoría, sino con condiciones favorables para tomar decisiones conjuntas, al margen de los intereses partidarios y una posición intransigente. Los Estados Unidos recientemente eligió presidente a un ciudadano con discurso y pensamiento políticos controvertidos y contradictorios. Los Estados Unidos tiene una tradición de alternación de poder ininterrumpida. No se conoce que hubo un golpe de estado ni la instauración de un régimen dirigido por un sátrapa, dictadorzuelo ni tirano civil o militar. Sabemos que metió las narices, en nombre de una lucha internacional contra el comunismo y el terrorismo, en Vietnam, Corea e Irak. La películas Pelotón, Nacido 4 de julio o Forrest Gump revelan la intromisión de tropas americanas en Vietnam, donde murieron miles de jóvenes, provocaron tragedia en familias y, finalmente, tuvo que renunciar ante la presión social y la inviabilidad de una guerra suicida.
¿Cómo nos recordarán cuando termine el cargo público o el poder entregado por el pueblo? ¿Cómo recordarán los estudiantes al docente? En el caso de un funcionario público, aparte de hacer “obras de fierro y cemento”, con una placa que recuerde el nombre del gobernante, quedará en la historia del pueblo como un artífice del fortalecimiento institucional, hacer la trasferencia de cargo cuando acabe la gestión. El futbolista será un ícono inmortal no solo por su habilidad con el balón, sino cómo actuó dentro y fuera de la cancha, por los goles que metió. Maradona, Messi o Neymar quedarán en el recuerdo grato de los hinchas por los goles que hicieron, por las piruetas geniales durante los partidos, por el coraje que pusieron en los 90 minutos de juego. Ricardo Gareca quedará, como Waldir Pereira (Didí) –que clasificó por primera vez a Perú al mundial de Méjico 70–, Elba de Padua Lima (Tim) o Marcos Calderón, en la memoria de todo el Perú si llega con la selección a Rusia 2018. Si no fuera así, habremos muerto en el intento.
La reputación se construye día a día con actitudes, probidad, eficiencia y buenas prácticas. Un error o un desliz no anulan el talento ni el desempeño profesional. Un ciudadano con reputación ejerce influencia en la historia de los pueblos, la vida de los ciudadanos y se convierten en paradigma de referencia en la educación, la cultura y la política. Dejaremos huellas por nuestros actos, las acciones que emprendimos, las decisiones tomadas, la libertad que ejercimos. Las palabras de impacto o poéticas son frágiles en el tiempo. Las acciones que resonaron en la sensibilidad y en beneficio de los ciudadanos quedan como ejemplos de coherencia, óptimo desempeño y vocación de servicio.



