Por: Mario a. Malpartida Besada
Consagrado ya como todo un librepensador Andrés Jara Maylle (Huánuco, 1964) enarbola nuevamente su palabra en ristre y nos entrega Ciudad desnuda. Tomo II (Lima, Ediciones Rocinante, 2016), obra con la que prosigue la saga iniciada con Ciudad desnuda. Una visión de la problemática huanuqueña contemporánea (Huánuco, Cauce ediciones, 2010). En este sentido, se trata de una nueva selección de sus artículos periodísticos publicados semanalmente en nuestro diario, siempre con su temperamento cuestionador y contestatario para desnudar hipocresías y a falsos profetas que suelen encandilar a inocentes. Así, pues, muestra el verdadero rostro de lobos escondidos en piel de cordero.
En consecuencia, tanto en el presente libro como el anterior, el poeta Jara Maylle deja momentáneamente en reposo su vena lírica y se adscribe a una de las facetas más difíciles y poco cultivadas en el periodismo impreso de nuestro medio: Periodismo de opinión. Sin embargo, Jara Maylle va más allá de la opinión y lo combina hábilmente con el género interpretativo. Así, pues, conjunciona dos formas periodísticas cuyo resultado final coloca al texto en condición de artículo ensayístico, no exento de tratamiento literario, como ocurre con la mayoría de sus trabajos.
Para la opinión califica los hechos desde su punto de vista personal sin ocultar su posición ideológica, explica, orienta y educa; para la interpretación analiza, valora y contextualiza los hechos para que el lector saque sus propias conclusiones. Pero también hay que agregarle su aporte crítico, su vehemencia, su estilo directo y contundente, el sarcasmo sutil y la buena escritura, esta última imprescindible para todo trabajo impreso.
El libro está organizado en dos partes, cada una con seis artículos, y un epílogo. La primera parte comprende sus trabajos publicados entre el 2010 y el 2013, y, la segunda, entre 2014 y 2016, lo que demuestra su regularidad y perseverancia. Ambas están referidas básicamente al mundillo de la política local, pero como una suerte de remedo de la política nacional. Para el efecto, enfila su batería cáustica e irónica contra prófugos, precandidatos, candidatos, arribistas, oportunistas, etc., con los que lamentablemente se ha tenido que convivir y hasta elegirlos, dizque para que nos representen. En el epílogo, se apoya en el oxímoron “Te odio con ternura”, para explicar su postura crítica, hasta la rebeldía, frente a la ciudad en la que ha nacido y a la que más ama. Este acápite nos recuerda a Pavletich cuando justificaba lo agrio que fue para los huanuqueños su Autopsia de Huánuco: “Es así como creo amar yo a esta tierra dulce, buena y tibia”.
El amor de Jara por su tierra consiste, pues, en eso, en tratar de extirpar sus males sociales. Su aspiración, al publicar la obra, está señalada literalmente en la contratapa. El libro debe “convertirse en una luz, si no la de un lucero, por lo menos en la de un relámpago para que, siquiera por un instante, este pueblo milenario salga de la penumbra en la que se encuentra desde hace muchos lustros atrás”.
La línea temática de la primera parte está señalada en una especie de epígrafe, la que hace alusión a las elecciones generales del 2011 (fiel a su estilo aprovecha para soltar un sarcasmo contra el presidente elegido), y a los candidatos y “sus pachotadas”. Analiza la democracia, rara, paradójica y patética, en su opinión; la conducta oportunista y la orfandad moral de algunos políticos locales; la triste realidad de tener que elegir siempre entre los peores y no precisamente entre los mejores; y el falso concepto de espíritu de cuerpo, patentizado en la frase: “Otorongo no come otorongo”.
En la segunda parte alude a la “malhadada suerte (de Huánuco) en tiempos electorales”, sus instituciones decadentes, candidatos y dirigentes y el afán de enquistamiento en el poder. En el primer texto de esta sección muestra su indignación sobre una coyuntura especial que sufrió Huánuco cuando conocidos personajes, imputados por sendos delitos, desaparecían por arte de magia al enterarse con antelación, nadie sabe cómo, que iban a ser objetos de orden de detención. Pasado el peligro, reaparecían mondos y lirondos. En realidad, el artículo es un paradigma del grado de corrupción en nuestra ciudad que protege y ampara al poderoso por el atávico mal de que: “¿No sabes acaso, que por algo somos la muy noble y leal ciudad de los caballeros…? (pág. 45), frase desmitificada y satirizada por el autor.
Con el mismo tono critica al arribista, al hipócrita, al falso dirigente, al desesperado por alcanzar el poder, al ambicioso, etc. También avizora a los futuros tránsfugas, falsos chauvinistas y a aspirantes a la inmunidad para cubrir sus fechorías. Cada personaje responde a un prototipo desnudado por su pluma, ora con indignación, ora con sarcasmo, ora con rabia. Lamentablemente, el tiempo siempre le fue dando la razón a su presciencia.
En sus otros artículos describe el perfil del vendepatria, del figureti, del demagogo, del seudodirigente, de los aliados inescrupulosos y el de otros “camaleones políticos”.
Si bien en ambas partes combina el lenguaje vibrante y emotivo con sutiles imágenes literarias, va a ser en el epílogo en donde aflora el alma de poeta que Jara no puede soslayar, pues a pesar de su vehemencia épica, en el fondo le gana también su alma lírica. “Te odio con ternura” es una pieza cuya primera parte bien podría adscribirse a la categoría de prosa poética. Sin embargo, y para no perder la línea temática, en el trecho final del texto retoma la esencia crítica que tiene el libro en su conjunto y hace un verdadero balance de Huánuco, para lo cual contrapone los motivos para reprocharla con un no querido odio, y los motivos para amarla con ternura.
Ciudad desnuda II es un libro para la reflexión, para coincidir o disentir, pero siempre para acometerlo con espíritu crítico.



