Por Israel Tolentino
Muchas veces, más vale llegar a tiempo que estar invitado, por invitación de la maestra Silvia Pomachagua Galarza, este viernes 21 de junio, participo en el Freundeskreis Pozuzo (círculo de amigos de Pozuzo) asociación conformada, como dicen sus miembros, para “fomentar las relaciones culturales y económicas entre Pozuzo y Tirol”. Esta idea nació luego de la visita de Elisabeth Habicher-Schwarz y Bruno Habicher en 1981, haciéndose realidad en de agosto de 1983.
Estamos cerca de dos festividades importantes: la fiesta del Inti Raymi, fiesta milenaria del solsticio de invierno donde desde los remotos rincones del Tahuantinsuyo se acudía al Cusco a venerar al dios Inti, ritual que hoy se celebra como una fiesta de la identidad y, la fiesta de San Juan Bautista, festividad iniciática del mundo cristiano que de una forma sorprendente a sido asimilada en el mundo panamazónico. Por lo tanto, se puede sumar a estas memorias el encuentro entre las culturas austro – alemanas y la andina – amazónica.

Don Carlos Gstir es uno de los presidentes del círculo nacido en esta tierra, así como Rudi Heinz, saliente presidente, y Emanuel Bachnetzer presidentes de nacionalidad austriaca. Estos gestos que podrían verse desde lejos como un paso localista, es para este lugar, enormemente significativo. La muestra de lo que sucede en este pedazo de orografía andino-amazonico, debe tomarse como un hecho que pone sobre la mesa, la riqueza cultural e identitaria en un vasto espacio ancho y ajeno, un Perú que no termina de cuajar en algo tan esencial como es ser peruano.

Hace mucho, en la práctica, la identidad a superado el hecho de portar un DNI y los datos inscritos en el, incluso la diversidad étnica; recuerdo al artista Eduardo Tokeshi, respondiendo a esa pregunta con un terminante ejemplo: es una cuestión de envase. Somos, en fin, la suma de lo anterior y todo lo que en el camino histórico sucede. Pozuzo es eso, un variopinto espacio geográfico donde todas las preguntas que se podrían suscitar en torno al hecho y significado de ser peruano cobran fuerza en este significativo hábitat. La identidad como una suma de estratos, un palimpsesto, una torre de Babel, donde la diversidad se debe mirar desde lo positivo, es decir, crea un ente único, especial, un mestizo capaz de convivir y ser un puente entre ambos lados.

El territorio peruano y por tanto el mundo andino, no es el único espacio en el mundo donde se hallan encontrado, luchado, ganado, sometido culturas, todos los rincones del planeta están edificados sobre sus restos y su cultura viva, donde siempre habrá una anterior y otra actual; es desde esta mirada que construir “identidad” debe asumirse como un cuerpo vivo en constantes embates, acometidas y réplicas. Por eso, desconocer todas las presencias en la construcción permanente de la identidad, puede correr el peligro de erigir guetos, reductos que a la larga son excluidos de la participación democrática y participación en el estado nación.
Pozuzo, pequeño enclave en el verde paisaje andino-amazónico, no está exento de esas reflexiones y puede pensarse con optimismo, desde esto, que las soluciones que se hallen en este cálido recinto, puedan valer junto a otras experiencias como parte en el anhelado sueño de país.
El Freundeskreis Pozuzo, es un círculo de amigos, dando a entender que, en esa búsqueda de amistad, hay algo que sobrepasa lo familiar, uno elige a los amigos y esa elección supera noblemente las relaciones consanguíneas. Visto así, es una nueva búsqueda identitaria, donde el sujeto ciudadano es una envoltura y lo que verdaderamente importa es lo interior.
En 1852, el Estado peruano buscaba colonos (término de la época) para la región comprendida entre los Andes y el Amazonia. El 16 de marzo de 1857, el sacerdote José Egg y el cooperante Josef Uberlinger celebraron una misa de despedida con los tiroleses en Silz (Austria). 180 tiroleses y 120 renanos luego de 116 días de viaje en el velero inglés “Northon” llegaron al Callao. El 29 de julio emprendieron la caminata rumbo al “paraíso completo” como decía el padre José Egg, llegando a Pozuzo el 25 de julio de 1859. En 1968 llegaron 250 nuevos “colonos” procedentes de Tirol y Bavaria. En los 70s, con la construcción de la carretera la “colonia olvidada” se abrió al mundo.
En este espacio geográfico, se intenta valorar la amistad con Tirol y la tradición, cultura y lengua de sus antepasados. Se comparte el vino, los bocaditos, tres generaciones bailan y resuenan la palabras de don Carlos Gstir “los pozucinos debemos estar orgullosos de esta bonita amistad” (Pozuzo, junio 2024).




