CASI AÑO Y MEDIO DESPUÉS, 80 PROFESORES IMPAGOS

Por: Jacobo Ramírez Mays

Ha pasado exactamente un año, cuatro meses y veinticuatro días desde que se terminó de dictar las clases en el Programa de II Especialidad llevado a cabo por la Universidad Nacional Hermilio Valdizán en convenio con el Ministerio de Educación. En donde aproximadamente ochocientos profesores se han especializado en Didáctica de la Educación Inicial, Didáctica de la Educación Primaria, Didáctica de la Matemática, Didáctica de la Comunicación y Ciudadanía.
El caso es que hasta la fecha, los que hemos dictado diferentes cursos en dicho programa, lo mismo que los acompañantes pedagógicos, no hemos sido remunerados por nuestros servicios. En otras palabras, y lo escribo con mayúsculas para recordárselo a los responsables: NO NOS HAN PAGADO.
Ahora, la pregunta es ¿por qué? Ve tú a saber, me diría mi amigo. Para quienes no lo sepan, esos programas los desarrollan algunas universidades o institutos, previo convenio con el Ministerio de Educación. En aquella oportunidad, como ya quedó dicho, fue la Universidad Nacional Hermilio Valdizán quien ganó y, por ende, toda la formación se desarrolló en los ambientes universitarios. Creo que todo fue viento en popa. Los profesores, contentos con las clases que recibían; y así pasó, como diría mi tía, sin chis ni mus. Sin embargo, el defecto que ha tenido y sigue teniendo es que no han pagado, en su totalidad, a los más de 80 profesores que hemos laborado.
Los pagos no cobrados oscilan entre los tres mil soles hasta los catorce mil, aproximadamente. Si ustedes tiran pluma, pueden darse cuenta de la cantidad de dinero de que se está hablando, con lo cual se está perjudicando a muchos profesores, familias y hogares.
Pero la pregunta es ¿quién tiene la culpa de todo ello? Cuando hace algunos meses pregunté a un profesor que, en ese tiempo, era directivo del programa y ahora es Consejero Regional, cuándo me iban a pagar, me dijo, en medio de bromas, que todo ya se estaba solucionando, que había un problema con una adenda y que, en menos de lo que podría tardar el que me salga un pelito o pierda uno de los que todavía me quedan, estaría depositado mi pago en mi cuenta. Ya estoy completamente calvo y seguramente no tardarán en caérseme los pelos de otro lado, y de mi sueldo naca la pirinaca.
Otro coordinador, cuando le dije que me parecía que no nos pagaban porque había una mala administración, casi me come vivo. Literalmente hablando, quiso tragarme con sus ojos, pero como ustedes saben que yo soy ja, ja, ja, ja, me reí y me sigo riendo de su actitud.
Como yo nunca me quedo contento, también le pregunté al encargado de la contabilidad, quien me dijo lo siguiente: «Docto, usted sabe que hemos tenido problemas con nuestras autoridades. Primero los que no querían salir, después los que recién han sido reconocidos como tales. Posteriormente, hemos tenido que esperar a que se reconozca y valide las firmas respectivas; luego, hemos solucionado el problema de la adenda; ahora sí todo está al día, aunque existe un pequeñito problema con primaria». Ese problemita me hace pensar que recién me pagarán cuando un platillo volador se pare en el cerro Marabamba para que mi amigo Jorge le pueda tomar una fotografía.
Hace algunos meses atrás, me encontré con un profesor que fue mi alumno y le pregunté cómo iban los trámites para su sustentación. Ya se imaginarán lo que me dijo: «Profe, ya me voy a morir y hasta ahora no puedo sustentar». Esas palabras me dieron a entender que ese famoso problema de la adenda no solo nos afecta a nosotros, que hemos laborado y quedado sin pagos, sino también a los cientos de profesores que sábados y domingos han asistido a dicho programa con la ilusión y el deseo de tener una segunda especialización y así poder lograr nuevas metas en sus centros laborales. Lo triste es que, como el profesor me manifestó, tampoco ellos pueden sustentar sus tesis porque el programa no ha terminado la actividad administrativa como debe ser.
Nunca pienso mal de los demás, pero hace algunas semanas estuvo por acá mi amigo, a quien le digo de cariño “Pelado”, quien me ha contado que ha ido a averiguar sobre su pago y que, al encontrarse con un coordinador, este le manifestó, sorprendido, que cómo era posible que hasta la fecha no nos hayan pagado, puesto que los coordinadores ya habían cobrado. Si es así, ahora entiendo por qué la desidia de los directivos en gestionar el pago de los que alguna vez trabajaron para ellos.
Desde aquí hago el llamado a las decenas de docentes que dictaron clases en el Programa de Segunda Especialidad para que nos reunamos y hagamos respetar nuestros derechos (el contacto es Ángel Santillán Leaño). Sé que más de un abogado especialista en derecho laboral estará interesado en asumir nuestro caso. Los contratos se respetan, señores. No han pasado un par de meses: ya vamos camino del año y medio, y hasta ahora naca la pirinaca. Es hora de que se solucione este problema; esta es mi voz de protesta, y ojalá que el guante le caiga a alguien.

Las Pampas, 1 de diciembre de 2016