Vuela alto, mi querido maestro y amigo, como lo has hecho toda la vida (Anamaría McCarthy).
Una hilera de mulas o caballos pasan un despeñadero, entre crepitaciones andinas aguardan un espantapájaros rodeado de plantas de maíz; mujeres y varones se cruzan entre las cebras de la ciudad, el movimiento y cambio de luz altera sus formas.

Su taller, un centro de experiencias, un libro abierto, un afiche de Carlos Bernasconi (1924-2023) maduro, calmo, sabio, equilibrado, simpática mirada, sonrisa sincera, flaco. Ser artista en el Perú es una gesta, la más dura de las puestas en escena. Transparencia, enigma, liviandad, humor, corte y trazos perfectos son distintivo de sus obras.
Fui muy amigo del pintor italiano Renato Guttuso, que era neorrealista y comunista (…) porque soy un hombre de la clase media que tiene una creencia de que todo vaya bien, y que se haga el espacio a la gente nueva, no quiero aferrarme a la Confiep y esas cosas, cuenta en una entrevista de José Vadillo Vela para el diario El Peruano en agosto del 2019.
El 2013, el curador e investigador de arte peruano Manuel Munive Maco, organiza la exposición “Incisiones” en la galería pancho Fierro de la Municipalidad de Lima. La muestra contaba de manera didáctica la historia del grabado xilográfico en el Perú del siglo XX, aquella exhibición itinerante se expuso en el Instituto Cervantes y el Museu Casa da Xilogravura en Brasil (si bien cada curador cuenta desde su mirada) en esta muestra, Carlos Bernasconi era el artista que daba inicio a la línea temporal de “Incisiones”. En su silencio habitual había quebrado la mirada de una Lima que se aplastaba en el indigenismo. Años luego, el mismo curador, Manuel Munive, le realizará una espléndida muestra antológica en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano (ICPNA) y publicará un sustancioso catálogo.

Carlos Bernasconi, formado en la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes, es desde lejos un renovador en la práctica y mirada de la gráfica xilográfica en el país, su obra toma Lima como ingrediente, ilustrará el libro de su amigo Sebastián Salazar Bondy: el Señor Gallinazo vuelve a Lima (1991). Fue parte de la fundación de la Escuela de Bellas Artes de Ayacucho, vivió en España e Italia, se formó como medallista, trabajó en la Casa de la Moneda, donde realizó el primer grabado del poeta César Vallejo a partir de un original del pintor Apurimak (le cuenta a José Vadillo). Como hombre de excelente oficio y beneficio hizo: docencia, pintura, escultura, grabado, joyería, cerámica, dibujos, escenografías y escritura. Dentro de esos procesos, la práctica de la xilografía, considerada una técnica modesta, la tomó entre sus manos y construyó una imaginería que oxigenó el medio gráfico. Todos en Lima temen usar el papel por la humedad y el mar, Bernasconi vivió a un paso del mar y fue el papel actor principal en buena parte de su producción.

Se puede decir, viendo su vida y obra, que nunca le interesó y creyó en que para ser artista se necesitaba de parloteos y cafés exhibicionistas, de estar detrás de la prensa, los críticos y el mercado, su única y evidente pretensión fue levantarse de madrugada, trabajar como quien horada la piedra, estar cerca a su familia, construir para su esposa Lucia Irurita y sus hijas Sandra y Cécica, todas actrices, el “Teatro de Lucia”.
Junto con sus amigos, el entrañable artista Félix Oliva y el arquitecto César Ruiz Mendoza fundan Billar T en el corazón de Miraflores, lugar donde trabajó toda su vida.
Nunca estuvo envuelto en escándalos, no se le vio como apologeta o seguidor del arte por el arte, respetó todas las modas y los cambios generacionales, fue decente. El trabajo de un artista no se mide por cuánto cuesta, a ya el mercado del arte que engatusa a tanto imberbe.
La existencia de Carlos Bernasconi confirma que el arte como el amor son un ejercicio de resistencia. Le ha tocado marcar de poesía, modestia y color algo de esta curva celeste. (Pozuzo, noviembre 2023).




