Una drástica **transformación** se ha producido en el conflicto sudanés, tras casi dos años de guerra civil, cuando las fuerzas militares de Sudán parecen estar expulsando de Jartum a los combatientes de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), su principal rival. Este cambio ocurre en un contexto de profunda crisis humanitaria, donde millones de personas han sido desplazadas y la hambruna amenaza a gran parte de la población. La guerra, que comenzó en abril de 2023, ha devastado la capital y otras regiones del país, generando una inestabilidad política y económica sin precedentes.
Según la investigación publicada por The New York Times, los combatientes paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido se retiraron en gran número de Jartum el miércoles, abandonando una ciudad que habían ocupado desde el inicio de esta cruenta guerra hace casi dos años.
El jefe militar de Sudán, el General Abdel Fattah al-Burhan, declaró que “Jartum ahora está libre”, tras llegar en helicóptero para una breve visita al palacio presidencial, que sus fuerzas habían recuperado hace apenas unos días. La recuperación de la capital representa un hito importante en el conflicto, aunque no asegura el fin de las hostilidades.
Residentes de Burri, un barrio a orillas del Nilo, salieron a las calles para celebrar y vitorear a los soldados, coreando “Un ejército, un pueblo”. Las tropas están rastreando las áreas recién capturadas en busca de rezagados paramilitares, algunos de los cuales han sido agredidos por la población. Este entusiasmo popular refleja el hartazgo de la población con la violencia y la destrucción que han asolado la ciudad.
La captura de la capital por parte del ejército sudanés marca un giro trascendental en la guerra, la cual ha causado masacres, hambruna y una destrucción generalizada. El conflicto ha interrumpido gravemente la producción agrícola, exacerbando la crisis alimentaria que afecta a millones de personas en todo el país.
Los analistas señalan que es probable que las Fuerzas de Apoyo Rápido se reagrupen en Darfur, su bastión en el extremo oeste de Sudán. Allí, han prometido establecer un gobierno paralelo y continuar la guerra. Darfur ha sido históricamente una región de conflicto y tensiones étnicas, lo que podría complicar aún más la situación.
La retirada de las FAR de Jartum no implica necesariamente el fin de la guerra. La capacidad de las FAR para mantener su poder en Darfur, junto con la profundización de la crisis humanitaria, hacen que la situación siga siendo extremadamente volátil. El futuro de Sudán sigue siendo incierto, y la necesidad de una solución pacífica y negociada es más urgente que nunca.



