CÁBALA

CÁBALA

Por Jacobo Ramírez Mayz

Dentro de unos días se terminará el año en esta parte del mundo, y empezaremos uno nuevo. Este nos traerá, seguramente, algunas cosas inesperadas. Pero, como dice mi amigo Lucho, que es ateo y lee la Biblia, cada día con su afán. Así es que mejor no pensar en el mañana y disfrutar el hoy.

Muchas familias tienen costumbres que realizan en la víspera del año nuevo. Hoy les contaré algunas anécdotas que he vivido en mi medio siglo de existencia.

UNO. Recuerdo que, cuando era chiuchicito, mi mamá me bañó con ruda. Mientras lo hacía, le oía decir que era para tener suerte todo el año. Según recuerdo, ese año solo perdí una uña cuando estaba jugando fulbito. Me dio la turmanya y mi cuerpo se llenó de llagas. Pero después todo fueron éxitos. Por eso, desde que tengo uso de razón, cada noche de año nuevo me baño con las hojas de esa planta bendita.

DOS. En una oportunidad, unos amigos que me invitaron a recibir el año nuevo en su casa. Esperaron las doce en punto para gritar “¡Feliz año nuevo!”, y luego sacaron unas ramas de shiraca con la cual comenzaron a golpearse entre ellos. A mi lado estaba una amiga, y como no tenía a nadie a quien castigar, lo hizo con este pobre hombre indefenso. Mientras mi cuerpo me daba comezón por todas partes, ella sonreía y me decía: “pide deseos, que se te harán realidad”. Yo, como hombre obediente, pedí dos cosas, un terreno y una moto. Demás está decir que hasta ahora los tengo.

TRES. Siempre oí que debemos bañarnos con flores, perfumes y otros mejunjes para tener suerte. En cierta ocasión, me explicaron que el baño se debe hacer parado o sentado y el agua no debe irse por el cernidor, sino que hay que recogerla y tirarla al jardín o al patio. Como no tengo jacuzzi en mi baño, busqué una tina de plástico, preparé mi mejunje y entré a bañarme, lo malo es que la tinita era pequeña y no entraba mi cuerpo ni parado ni sentado. Literalmente, solo entró media nalga. Por culpa de eso, aquel año la mitad de mi suerte se fue por la regadera. 

CUATRO. También me explicaron que debemos ponernos trusas de colores. Que el amarillo es para la buena suerte, el rojo para el amor y el verde para el dinero. De puro lambiscón, un año me puse los tres colores juntos. Lo cierto es que estaban tan apretados, que minutos después el gorrioncillo pecho amarillo comenzó a cantar, porque comenzó a sudar y me los tuve que sacar. Por eso les recomiendo que solo usen uno o ninguno. 

CINCO.  Comer uvas es una costumbre en casi todos los hogares, pero solo doce. Una por cada mes, y pidiendo, como diría Samuel Cardich, con toda tu ambición, qué tus sueños se hagan realidad. En cierta ocasión, cumplí con esa cábala. Cuando estaba en el mes de mayo, un cohetón reventó a mi lado y me tragué las de tres meses seguidos: junio, julio y agosto. Si jugaba la tinka, me la sacaba. 

Para este año ya me dieron la receta para hacer crecer mi cabello. Lo voy a hacer paso a paso. Si funciona, el próximo año seré un jipi más. Si no da resultados, me conformaré con ser un pelado más. Además, daré la vuelta a mi casa en paños menores y con mi maleta llena de piedras. Si quieren saber para qué, averigüen gugleando.

Las Pampas, 28 de diciembre de 2022