BTS, ha vuelto a conquistar esta semana las listas estadounidenses con su cuarto número uno en apenas nueve meses. Sin embargo, BTS, la banda surcoreana manipula lista de medición, esconde una estrategia, para subir en sistema de medición más importante de la industria musical.
Puede que su última canción, “Butter”, no sea la canción más escuchada en el país norteamericano según sus reproducciones en “streaming, o el apoyo de las radios, pero los fans de la BTS,L se movilizaron para comprar el sencillo en masa, gracias a los descuentos patrocinados por su discográfica.
Desde los Jackson 5 en 1970, ninguna otra formación había conseguido debutar en el número uno tantas veces, en tan poco tiempo. Se presume que BTS, la banda surcoreana manipula las listas de medición.
BTS, es el último ejemplo de las formas utilizadas por artistas de la talla de Taylor Swift, Drake o Harry Styles para inflar sus estadísticas. Incluir copias digitales de sus discos en artículos de “merchandising” o publicar varios vídeos de una misma canción.
Armados de estrategias para vender.
Harry Styles protagonizó quizás el caso menos disimulado. Su canción “Watermelon Sugar”, llegó al número uno en agosto de 2020 gracias a tres reediciones en casette, vinilo y disco, una rebaja de precio en copias digitales y dos videoclips alternativos.
El tema se había publicado en noviembre de 2019, debutó en la posición 70 y desapareció al poco tiempo, pero una agresiva campaña de promoción consiguió resucitarlo.
Estas estrategias llevaron a que Billboard, que desde 1956 elabora las listas de discos y canciones más vendidas en Estados Unidos, haya dejado de contabilizar estos “paquetes” (“bundles”) en sus registros.
Más surrealista fue el caso de los fans británicos de Dua Lipa, que utilizaron aplicaciones VPN para simular que se conectaban desde EE.UU. y subir los números de su compatriota.
“BTS no está empañando la credibilidad de las listas, su caso muestra lo rotas que han estado sus métricas durante años”, consideró el analista de Forbes, Bryan Rolli.
Sin embargo, antes de internet la industria musical ya estaba dominada por la picardía: a partir de 1950, el Congreso de EE.UU. apoyó multar a las discográficas que pagasen a las radios por emitir sus canciones, una trampa conocida como “payola”.
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