La deuda soberana alemana, tradicionalmente criticada por su conservadurismo fiscal, emerge como refugio seguro en medio de la agitación global. Los mercados financieros, sacudidos por las políticas comerciales proteccionistas de Estados Unidos, han encontrado en los Bunds alemanes una opción de inversión estable, revirtiendo la tendencia de años anteriores donde Wall Street y otras capitales europeas cuestionaban la rigidez fiscal de Berlín.
Según la investigación publicada por The New York Times, la reciente turbulencia en los mercados ha provocado un giro inesperado, donde los inversores buscan seguridad en activos tradicionalmente considerados refugio, pero que ahora muestran vulnerabilidad.
La imposición de aranceles por parte del gobierno estadounidense, con gravámenes que superan el 100% en algunos casos, ha generado incertidumbre y aversión al riesgo. Esta situación ha afectado negativamente a los bonos del Tesoro estadounidense y al dólar, activos que históricamente han actuado como amortiguadores en tiempos de crisis. En consecuencia, el capital ha fluido hacia valores como el oro, el franco suizo y, de manera destacada, los Bunds alemanes.
Este fenómeno se refleja en la caída del rendimiento del Bund alemán a 10 años, situándose en el 2,56%, cerca de su nivel más bajo en más de un mes. Este dato contrasta con el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años, que ha superado el 4,5%, evidenciando una notable divergencia en la percepción de riesgo entre ambas economías. Recordemos que en 2023, el Bundesbank, el banco central alemán, reportó ganancias récord gracias a los intereses generados por su cartera de bonos.
La disciplina fiscal alemana, que se traduce en una calificación crediticia AAA, ha sido un factor clave para atraer a los inversores. Sin embargo, la reciente decisión del parlamento alemán de permitir un aumento significativo del endeudamiento público para fortalecer las fuerzas armadas y modernizar la infraestructura ha generado cierta preocupación. Alemania, con una economía fuertemente orientada a la exportación, se encuentra especialmente expuesta a los efectos de las políticas arancelarias, dado su intenso comercio con Estados Unidos.
No obstante, el nivel de deuda pública alemana, que ronda el 60% del Producto Interno Bruto (PIB), se mantiene significativamente inferior al de Estados Unidos, donde supera el 120%. Esta diferencia, junto con la credibilidad de la economía alemana, continúa atrayendo capitales en busca de seguridad. La solidez del mercado laboral alemán, con una tasa de desempleo históricamente baja, también contribuye a la confianza en la economía del país.
La próxima canciller alemana, Friedrich Merz, ha presentado un plan económico para revitalizar la economía del país, lo que podría influir positivamente en la percepción de los inversores a largo plazo. Como señala Sander Tordoir, economista jefe del Centre for European Reform, resulta “muy llamativo” que, en un momento de tensión, los Bunds alemanes estén actuando como “refugio preferido” en lugar de los bonos del Tesoro estadounidense, indicando una “prima de seguridad real” asociada a la deuda soberana alemana.




