BOB DYLAN

Por: Arlindo Luciano Guillermo

No escribió una pila de libros, pero sí escribió cientos de canciones que agradan a multitudes, influenció en millones de ciudadanos y músicos famosos como Los Beatles. No es el santo de devoción de escritores ortodoxos. Cuando se conoce el nombre del ganador del Premio Nobel de Literatura, los lectores corren desesperados a las librerías para comprar el libro más importante del galardonado. Esta vez las casas de venta de discos se abarrotarán de melómanos y fanáticos para comprar cidíes de Bob Dylan. La literatura tradicional, de escritura y lecturas, ha sido desplazada por la música que tiene poesía y utiliza al lenguaje como un medio efectivo de comunicación, fraternidad y catarsis. Una canción puede tener más impacto emocional y social que una novela que se necesita horas de desvelo para leerla.
Bob Dylan (Robert Allen Zimmerman, Minnesota, 24 de mayo de 1941) es el flamante Premio Nobel de Literatura 2016. Para algunos es un desatino de la Academia Sueca; para otros, una reivindicación histórica de la tradición oral de la poesía y de la música. Safo de Lesbos cantaba sus poemas; los rapsodas griegos y los juglares medievales recitaban proezas de héroes y pueblos. La poesía nació oral. La literatura con escritura estándar es reciente. La literatura no es privilegio de los escritores literarios. El escritor no necesariamente publica libros, puede difundir sus escritos a través de los medios de comunicación. Se le concedió el Nobel a Bob Dylan “por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción.” Ahora integra la legión privilegiada de los Nobel americanos: William Faulkner, Jhon E. Steinbeck, Ernest Hemingway.
Bob Dylan, músico poeta, trovador contemporáneo, con los ojos y oídos atentos al devenir de la historia de la segunda mitad del siglo XX, es autor de canciones líricas y poéticas que resumen la vida íntima del ciudadano, el cuestionamiento social a la política indecente de los Estados Unidos (y por consiguiente del mundo), la discriminación, la pobreza, la injusticia, la hipocresía y la guerra. Eso es Bob Dylan: un ciudadano que está dentro de su época como actor, hizo su trabajo musical con terquedad, escribió canciones de proyección universal. Cantor de poesía como los rapsodas de la poesía épica en la Grecia Antigua o como el invidente Homero. Los ganadores del Premio de Literatura fueron novelistas (García Márquez, Vargas Llosa), poetas (Neruda, Octavio Paz) novelistas (Miguel Ángel Asturias, Camilo José de Cela) y dramaturgos (Darío Fo). Este 2016, el ganador es Bob Dylan, el legendario trovador americano, el cantor de música popular, roquero innovador y, sobre todo, un ciudadano con buen olfato y visión aguda para la política y la historia cambiantes.
Bob Dylan escribió cientos de canciones. Like a Rolling Ston es una de las más notables. La canción plantea la doble moral, el desencanto individualista, las oportunidades perdidas, una educación que no sirve para la vida ni para resolver problemas y la incapacidad para adaptarse a nuevas circunstancias. Dice: “Fuiste a la mejor escuela, muy bien, señorita solitaria, / pero sabes que ahí solo fuiste mimada / nadie jamás te enseñó a vivir en la calle / y ahora te encuentras con que vas a tener que acostumbrarte.” Suena la armónica, los acordes de la guitarra acústica y se escucha la voz grave y pastosa de Bob Dylan para cantar Just like a woman. Dice: “Ella aguanta como una mujer. / Ella hace el amor como una mujer / y sufre como una mujer / pero se echa a llorar como una niña pequeña.” Otra canción famosa es Blowin in the wind. Hay muchas preguntas que no se responden. La incertidumbre aumenta, la angustia ajusta a la vida y el porqué de la guerra, la injusticia y la soledad no se sabe. Dice el trovador: “¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre / antes de que le llames hombre? / ¿Cuántos mares debe surcar una blanca paloma / antes de dormir en la arena? / ¿Cuántas veces deben volar las balas de cañón / antes de ser prohibidas para siempre? / La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento. / La respuesta está flotando en el viento. / ¿Cuántos años puede existir una montaña / antes de que sea lavada por el mar? / ¿Cuántos años pueden vivir algunos / antes de que se les permita ser libres? / ¿Cuántas veces puede un hombre girar la cabeza / y fingir simplemente que no ve?”
Las canciones relatan historias, tienen personajes y revelan la realidad desde la sensibilidad viva y la aguda percepción del cantautor. Pedro Navaja, de Rubén Blades, es la historia de un cafiche, un protector de prostitutas, en New York, asesinado de un balazo en la vía pública. El gran varón, de Willie Colón, cuenta la vida de Simón. Su padre se siente orgulloso por el nacimiento de un varón, pero Simón es homosexual, su padre así lo comprueba. Muere de sida. Juanito Alimaña, de Héctor Lavoe, es la historia de un delincuente avezado que mantiene en zozobra a la ciudad. Roba, se emborracha y nadie puede encarcelarlo porque tiene amigos en la policía. Ricardo Arjona, el gran trovador de la sociedad posmoderna, cuenta, en Historia de taxi, una doble infidelidad. La mujer del taxista es amante del marido de la rubia; la rubia y el taxista también son amantes. Daniel F, en Al colegio no voy más, transite lo que muchos estudiantes quisieran decir en voz alta porque la escuela no es atractiva, un escenario agradable para aprender, compartir, despertar el talento y hacer amigos de verdad. Con lenguaje irreverente y coprolálico dice: “Desde el nido, la primaria o superior / siempre la misma opresión. / Al colegio no voy más ni huevón / que se queden con su mierda entera. / Al colegio no voy más ni huevón. / ¿Para qué?” José Luis Perales canta a la vida, al amor, a la familia, a los hijos, a la libertad.
Las letras de una canción son poemas, tienen poesía, lenguaje metafórico, literario, que no se contradice con los poemas de César Vallejo, Pablo Neruda, Samuel Cárdich o Andrés Jara. Los compositores de yaravíes son trovadores elegíacos, altamente líricos, que, a través de la sencillez lingüística, comunican dramas sentimentales, ingratitud de la mujer y tristeza duradera. El yaraví Ojitos negros es un paradigma en la música tradicional huanuqueña. En el yaraví, la mujer se muestra esquiva, no oye las súplicas del amante, espera mayores ofrecimientos afectivos.
Bob Dylan tiene 75 años. Sigue cantando. Estará al frente de miles de espectadores ofreciendo sus canciones. La música popular se ennoblece aún más con Bob Dylan. La literatura no solo es escrita, sino también oral. Antes de la llegada de España al Perú, los haravicus eran los poetas populares que cantaban a la vida, al amor, a los animales, a la tierra, a los dioses y a la naturaleza. Dice Bob Dylan, en Masters of war: “Ustedes que fabrican las grandes armas, / ustedes, que construyen los aviones de la muerte, / ustedes, que construyen todas las bombas, / ustedes, que se esconden tras los muros, / ustedes, que se esconden detrás de escritorios, / solo quiero que sepan: / que puedo verlos a través de sus máscaras.”