Basta De Obras Postergadas
Basta De Obras Postergadas

Basta de obras postergadas

La paciencia de los pueblos tiene límites. Y en Huánuco, ese límite ha sido sobrepasado. La creciente indignación ciudadana que se manifiesta a través de frentes de defensa y colectivos sociales en provincias como Leoncio Prado, Pachitea y Puerto Inca es el reflejo de una región que ya no tolera más promesas sin cumplimiento. Los anuncios de movilizaciones y paros indefinidos no son hechos aislados, sino la expresión legítima de una población que exige respuestas, no discursos.


En las últimas semanas, las quejas han dejado de ser murmullos para convertirse en pronunciamientos firmes: se demanda la construcción del puente alterno de Aucayacu, el hospital de Castillo Grande, la doble vía Rancho–Panao–Rumichaca, entre muchas otras obras postergadas. Los hospitales en Cachicoto, las vías afirmadas y los compromisos con la agricultura regional también forman parte de una agenda olvidada que el Gobierno Regional de Huánuco no ha sabido ni ejecutar ni explicar.


La desazón en Pachitea es apenas un ejemplo. Con contratos firmados y presupuestos aprobados, las obras siguen paralizadas, mientras los dirigentes sociales denuncian un abandono sistemático. En Puerto Inca, se exige que se cumpla con el afirmado de la carretera Rancho–Panao y se tomen medidas reales frente a la minería informal, cuyas consecuencias sociales y ambientales son cada vez más preocupantes.


Lo más grave es que la ciudadanía no solo cuestiona la falta de obras, sino también la falta de voluntad política. El gobernador regional, Antonio Pulgar, ofreció durante su campaña una serie de proyectos que, a día de hoy, siguen sin materializarse. Esa distancia entre el discurso y la acción solo ha contribuido a debilitar la confianza pública en su gestión.


Las provincias no piden milagros, piden cumplimiento. Exigen que se respete la planificación presupuestal, que se ejecuten los proyectos ya trazados y que se actúe con transparencia. Sin embargo, el balance de la gestión actual es preocupante: obras sin iniciar, procesos administrativos lentos y una creciente desconexión entre el Gobierno Regional y las comunidades.


Las promesas no construyen puentes, no salvan hospitales ni afirman carreteras. Es tiempo de hechos, no de excusas. La región lo necesita. Y, sobre todo, lo merece.