Escrito por: Arlindo Luciano Guillermo
Hace más de un mes que Andrés Cloud Cortez falleció. Hecho lamentable e indeseable. Los homenajes y aprecios literarios y amicales han sido prolíficos y mediáticos. Muy merecido se lo tiene Andrés Cloud. Hicimos el luto, aceptamos que ya no está entre nosotros, pero la función debe continuar. Es momento de hacer dos cosas: ver el modo de publicar los libros inéditos que dejó y releer y redescubrir críticamente la literatura de Cloud dejando de lado la amistad y ponderar el juicio de valoración estética, estilística, de trascendencia y fortalecer el trabajo de renovación de la literatura huanuqueña a partir de los Tres en Raya.
Ay, Carmela tiene dos ediciones: 2003, 2018. Tiene un curioso subtítulo: Novela en doce cuentos, el mismo número que los capítulos del libro, más el epílogo. Por un fino jarrón de porcelana (capítulo II) y Débiles señales de un fanal que se eclipsa (capítulo XII) funcionan independientes como cuentos autónomos. Estos dos cuentos fueron reconocidos en el Premio Copé. En Advertencia necesaria informa sobre unos manuscritos originales encontrados de casualidad cuyo autor es el “enigmático y misterioso” Edelmiro Buleje V, (“un solitario escritor autodidacta, inédito y marginal”), que hace las veces de paciente interlocutor del monólogo de Carmela Sayago, otrora prostituta del Rancho Alegre, en la segunda mitad del siglo XX, cuando era presidente de la república Manuel Prado y Ugarteche. En Nota editorial se barajan varias hipótesis sobre el autor de las conversaciones de Carmela Sayago. El traumatólogo y cronista Jesús Tarcilio Gómez Mondragón de la novela es Jesús Virgilio López Calderón. Se infiere por el Jesús y las terminaciones “ilio”, “ez” y “ón”.
Se denomina “novela río” (“roman fleuve”) a aquella que recibe (como un río grande a los afluentes) personajes, relatos breves y acciones de libros publicados anteriormente o que están presentes en otro recién publicado. El ejemplo más notable es Cien años de soledad (1963) de Gabriel García Márquez, donde confluyen Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo, La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela deslamada, La mala hora, El coronel no tiene quién le escriba. Ay, Carmela es una novela río. Chela Cordero, Guindón Talancha, el Rancho Alegre y Meneíto Martínez de Usted comadre debe acordarse (1987) reaparecen en Ay, Carmela conservando el perfil y el ambiente burdelero. Así se conoce que la Chela Cordero es Carmela Sayago. También aparece el albino Albino cuyo trajinar por el barrio de Huallayco se relata en Historia de albino llamado Albino, incluido en Bajo la sombra del limonero (1998) con pelos y señas. En el Epílogo, el narrador omnisciente noticia que Carmela tuvo un ocasional encuentro con el viejo Atanagildo, quien “le contó que tres veces seguidas había recorrido a pie todos los confines de Solima”. Este personaje anciano, memorioso, sabio e irreverente ante el tiempo está presente en la novela Los últimos días de papá Ata (1999) y en el cuento Bajo la sombra del limonero. Carmela cuenta historias populares donde la mujer es víctima del salvajismo del varón. Uno se refiere a los genitales femeninos encontrados en un tronco de un sauce; el otro, al candado que le puso un amante celoso a la vagina de su pareja. Estos dos relatos están presentes con mayor especificidad en dos crónicas escritas por Virgilio López Calderón: Los fresnos y Chupillave.
La historia de la novela está planteada desde un monólogo memorioso, escrutador y aleccionador de Carmela Sayago, una prostituta del Rancho Alegre. Hay una fauna de meretrices jóvenes y adultas, cuyos nombres, apelativos, orígenes, actitudes y costumbres son adjetivados “generosa” o ferozmente hasta la degradación, la ridiculización y el insulto carnavalesco. La vida de Carmela está signada por el destino, la casualidad y las circunstancias cruciales que la llevan por las sendas del ascenso (en el Rancho Alegre) y descensos (cincuentona, pobre y soportando la agonía de vivir con sus insomnios y recuerdos febriles). La ruptura de un jarrón de porcelana la aleja del Convento de las Tres Marías, de sus tías y primos. Ella es huérfana. El Burro Valdizán le ofrece un plato de chicharrones, luego la lleva al gimnasio Míster Charles Atlas y la hace su mujer; este es un protector de putas. El cura de la parroquia Patrocinio la embaraza y nace su hija Amatista. La carta del destino del mono Martín define su suerte. Su encuentro casual con la Guindón Talancha, regenta de prostíbulos, que se hace llamar empresaria, le permite ingresar al oficio de la prostitución. No sabríamos nada de Carmela de no ser por el interlocutor Edelmiro Buleje. Carmela Sayago Carrera, la Chela Cordero del Rancho Alegre, donde Meneíto Martínez era un mandadero, murió a los 57 años.
En la novela está Huánuco de la segunda mitad del siglo XX con los barrios tradicionales, calles principales, zona urbana y los extramuros de la ciudad, fe religiosa, bailes costumbristas, personajes populares como el Burro Valdizán, Gengén Berrospi, Mecho Chamorro, Shucuy Pedro, Luzmila Templo (Luzmila Iglesias o Milagros Iglesias). Esta novela, sin duda, ha demandado de Andrés Cloud, mucho trabajo para construir personajes, ambientes, lenguaje idóneo, un friso del Huánuco del ayer, con humor hilarante y crítica social directa, por ejemplo, contra el fraude electoral.
Ay, Carmela es la novela que revela el talento narrativo, capacidad para recrear la historia y ponerla en bandeja al lector. El tiempo de ayer y de hoy colisionan y provocan en Carmela un conflicto. Ella misma dice: “Cuando mi cabeza se inunda (…) me descorazono pensando en cómo después de tener un escultural cuerpo de sirena en cuya medición del talle se tocaban entre sí los dedos de las manos estirados en jemes, una termina literalmente sin cuello y sin cintura, con la cara fofa y aguachentosa, y peor todavía, mofletuda, varicosa y panza de agua, como el arroz inflado de colores que se desvanece en la boca de los niños”. (Pág. 196).




