AWAJÚN, DE JARDINERO A PINTOR

Por Israel Tolentino

En 1986 leí, sin comprender mucho, “Yo no entiendo a mis padres”. Me gustó la carátula y la juventud del autor, 35 años, una rareza, sobre todo escapaba de mi lógica escolar, donde los escritores eran barbudos y con arrugas.     

Awajún, es un libro tierno, esperanzador, capaz de cambiar al papá más duro y como dice Lalo, libro pionero sobre psicología. Las ilustraciones eran muy modernas para su época, en Ambo y Huánuco no teníamos una cultura visual, salvo coquito o las ilustraciones de los suplementos del diario Expreso y las fotos antiguas no había más formación visual. 

Julio Orbezo Martínez, es un adulto inteligente y sabio, con espíritu de niño, rara combinación que ya quisiéramos cultivar. Presenta a su tierra amada Awajún, el niño del bosque, libro hecho de dos partes: obras pictóricas ¡homenaje a la vida! y El diario de Awajún, dividido a la vez en cuaderno 1: el huerto y cuaderno 2: Awajún por el mundo. 

Un canto con entendimiento de adulto y confianza de niño, un hombre que cree en el cambio del ser humano, en la contundencia de las acciones sencillas: cultivar la huerta, preparar romero y hierbabuena para curar un mal digestivo, pintar un lienzo, andar por lugares de lenguas diversas para hermanar a los pueblos, conversar con los jóvenes, bailar, venir a su tierra y presentar su libro…

Las 23 pinturas que dialogan con los textos, han sido hechas con autonomía, sin haberse considera como ilustraciones previas u otra intención, sino obras independientes que juntas, nos entregan la unidad de un texto, hechas por las manos de Julio jardinero y pintor, por su espíritu de ser humano libre, sensato y sencillo, vuelvo a repetir, hombre sabio, sano, santo. 

Ha depurado toda su formación académica para escribirnos con el alma de un chamán, de un místico, de un buen cura. Ha preparado su interior viendo museos y las obras más extrañas de tanto creador de arte que pueden verse en esos recintos del mundo, para pintar con la sencillez que el oficio, con los rudimentos de color y pinceles y una paleta ofrecen. Obras con una humanidad, que me recuerda que el arte bueno no nace de la técnica solamente, sino del corazón. Ha andado tanto el planeta para venir a obsequiarnos este maravilloso pedazo del alma diciendo que su tierra tiene del oro de otros encantadores sitios del orbe. Un hombre del mundo, sentado con la sencillez de un huanuqueño en la plaza mientras lee el diario y el joven le lustra los zapatos y le pregunta si es de acá.

Buscando un referente en el pasado de la historia del arte, personalmente veo a un artista simbolista, alguien que escribe o vuelve a escribir aquello que nos es cotidiano, con una caligrafía que le da un nuevo sentido a eso que teníamos por común u ordinario. 

Julio Orbezo, nos regala en forma de diario ilustrado, una parte importante de su intimidad, de aquello que la sabiduría le ha aconsejado comparta a su gente y quiera o no, es un cordón umbilical que le une a sus paisanos y es su energía desde que decidió buscar otro destino. Por ejemplo, el puente de Huácar, tantas veces copiado sin ningún aporte, o como algo fotográfico pero vacío, Julio le ha puesto el aliento del poeta, de esa persona que sabe de ese lugar y lo siente y conoce y te dice: esa piedra debe ser más brillante o ese arco tiene un poco más de altura, o el agua del río gira como en un remolino y trae en sus colores el reflejo del cielo y el color de la arcilla y recuerda cuántas veces hemos nos hemos bañado en sus orillas.  

El 20 de febrero de 2019 vuelve a la pintura luego de 50 años, ese tiempo madurando su vocación, mientras cultivaba su jardín e iba conociendo los rostros de los árboles, como alguien que se pasa la vida oyendo un idioma que no sabe y cierta mañana despierta, levanta los brazos y comienza a saludar a todos en ese idioma que había escuchado toda su vida y creía no saber. 

De la vocación no se puede huir, ni uno de ella ni ella de uno, tarde o temprano nos damos el encontrón y a limar saldos se ha dicho.

Julio Orbezo Martínez (juliorma777@hotmail.com) pinta para los ojos de un niño y para la mirada de un profesional del oficio pictórico, equilibrio difícil de lograr y es porque la fórmula no está en la técnica sino en el alma. Han pasado 36 años desde que aprendí tu nombre y estamos acá, en este Huánuco, dándote los primeros apretones de mano, el primer abrazo de todo corazón.                                         

(Amarilis, mayo 2022).

                                   

ÁRBOLES LONGEVOS Y ROSTROS                          PUENTE DE HUÁCAR, Florida, 20 mayo 2020.

ARBÓREOS, Florida, 27 enero 2021

 

                                        Julio Orbezo Martínez (hombre de bien, jardinero, artista y psicólogo).