Autoridades que desperdician oportunidades

La reciente declaración de la presidenta Dina Boluarte, al referirse al gobernador de Apurímac como “oppa”, ha generado diversas interpretaciones. En el idioma quechua, el término hace referencia a una persona de limitada capacidad de acción o pensamiento, lo que, en un contexto político, se traduce en una acusación de ineficiencia. Sin embargo, más allá del lenguaje utilizado por la mandataria, lo que realmente merece atención es el problema de fondo: la falta de gestión en las regiones y el desperdicio de oportunidades para el desarrollo.

Si bien la presidenta no se caracteriza por un discurso elocuente ni por una conexión genuina con la ciudadanía—como lo reflejan sus altos índices de desaprobación—su comentario expone una verdad incómoda. En muchas regiones del país, las autoridades locales parecen dormidas en sus funciones, incapaces de impulsar proyectos que mejoren la vida de sus ciudadanos. No se trata de falta de recursos, sino de ausencia de liderazgo y voluntad política para gestionar cambios reales.

Huancavelica es un caso evidente de esta inacción. A pesar de contar con una presidenta que comparte sus orígenes, su gobernador no ha logrado traducir esa coincidencia en mejoras concretas para la región. Las carreteras permanecen en mal estado, las escuelas necesitan urgente modernización y la inversión en infraestructura brilla por su ausencia. Mientras algunos gobernadores han sabido gestionar recursos y aprovechar la coyuntura política para conseguir proyectos millonarios, otros siguen atrapados en la pasividad y el desgobierno. Este es un patrón que se repite en muchas partes del país, donde los líderes regionales parecen olvidar que fueron elegidos para gobernar, no solo para figurar.

La situación no es exclusiva de Huancavelica. En Huánuco, podemos ver en todos los niveles que hay una incapacidad para gestionar obras de impacto, y la gran mayoria esta preopcupado por realizar campaña politica para una supuesta reelección. Y es que ese tema no se ha agotado todavia, hay un nuevo intento de ley que busca esta medida y que es obviamente avalada por las autoridades.

La política debe ser un ejercicio de gestión y resultados, no de excusas y postergaciones. Si las autoridades no entienden que su tiempo en el poder es limitado, la historia los recordará no por lo que hicieron, sino por lo que dejaron de hacer. Es momento de que los gobernadores y alcaldes dejen de lado la indiferencia y trabajen por obras que realmente transformen la vida de sus ciudadanos. No basta con discursos ni promesas de campaña; el pueblo necesita acciones concretas que perduren en el tiempo.