Frente a los recientes cambios bruscos de temperatura y fenómenos climáticos cada vez más impredecibles, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) ha lanzado nuevas alertas para el país. El llamado no debe pasar desapercibido. Hoy más que nunca, la prevención y la preparación ciudadana son esenciales.
Los reportes indican la presencia simultánea de lluvias intensas, granizadas y heladas en diversas regiones, combinadas con episodios de radiación solar extrema durante el día. Estas variaciones extremas en cortos lapsos no solo afectan los cultivos o la infraestructura: representan una seria amenaza para la salud pública. Especialistas advierten sobre el aumento de enfermedades respiratorias e infecciosas, especialmente en niños y adultos mayores, sectores más vulnerables ante estas condiciones.
El Ministerio de Salud ha iniciado campañas de vacunación para prevenir cuadros de influenza atípica, mientras que el Ministerio de Educación coordina acciones para proteger a escolares afectados por brotes de gripe y tos persistente. Si bien estas medidas son un primer paso, no resultarán suficientes sin el compromiso de las autoridades locales y de la propia ciudadanía.
Por otro lado, los recientes movimientos sísmicos registrados, algunos con magnitudes superiores a los 5 grados, reafirman la urgencia de adoptar una cultura de prevención integral. La mochila de emergencia, la verificación de estructuras y la educación comunitaria no deben ser temas postergados ni asumidos solo en la emergencia.
Ante este escenario, es preocupante que aún muchas familias no cuenten con abrigo adecuado o acceso a servicios básicos que les permitan enfrentar estos fenómenos. Las zonas altoandinas, amazónicas y costeras muestran signos de vulnerabilidad creciente.
El Gobierno —nacional y regional— debe actuar con celeridad y coordinación. No basta con emitir alertas: se necesita que estas vayan acompañadas de acciones concretas, campañas sostenidas y recursos distribuidos con enfoque territorial. La población, por su parte, debe asumir con responsabilidad su rol en esta cadena de prevención. Cuidar el agua, abrigarse adecuadamente, revisar las estructuras de vivienda y conocer rutas de evacuación son medidas mínimas pero cruciales.
El clima ha cambiado. Lo que antes era excepcional, hoy se ha vuelto habitual. Actuar tarde puede costarnos vidas. Es momento de dejar de esperar lo peor para recién reaccionar. La prevención no es una opción; es una necesidad urgente y compartida.




