Aumenta el número de muertos por el terremoto en Myanmar mientras llega algo de ayuda.

La devastación causada por el reciente terremoto en Myanmar ha dejado una estela de muerte y destrucción, complicando aún más la ya precaria situación humanitaria del país. El seísmo, con una magnitud de 7.7, no solo ha provocado el derrumbe de edificaciones y la interrupción de servicios básicos, sino que también ha exacerbado las tensiones políticas existentes, poniendo a prueba la capacidad de respuesta del gobierno militar y la comunidad internacional.

Según el reportaje de The New York Times, la cifra oficial de fallecidos asciende a 1,644, aunque se teme que este número aumente significativamente a medida que avancen las labores de rescate y se evalúen los daños en las zonas más afectadas.

El temblor, con epicentro cerca de Mandalay, la segunda ciudad más grande de Myanmar, se sintió en varios países del sudeste asiático, incluyendo Tailandia, donde el colapso de un edificio en construcción en Bangkok subraya la magnitud del impacto. La situación en Myanmar se agrava debido a la vulnerabilidad de las infraestructuras y a la presencia de la falla de Sagaing, una zona sísmicamente activa que atraviesa el país de norte a sur.

La respuesta internacional se ve obstaculizada por las sanciones impuestas al régimen militar birmano desde el golpe de Estado de 2021. A pesar de ello, países como China e India han ofrecido ayuda humanitaria, enviando equipos de rescate y suministros básicos. La colaboración internacional es crucial, considerando que las proyecciones del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) sugieren que el número de víctimas mortales podría superar las 10,000 personas.

Mandalay, una ciudad con una población cercana a 1.5 millones de habitantes, ha sido particularmente golpeada por el desastre. Los residentes se enfrentan a la escasez de alimentos y combustible, mientras que los hospitales, ya sobrecargados, luchan por atender a los heridos. La solidaridad ciudadana se ha manifestado a través del voluntariado, aunque la falta de equipos pesados y personal especializado dificulta las tareas de búsqueda y rescate.

El terremoto agudiza los desafíos que enfrenta el gobierno militar, que ya se encuentra luchando contra grupos rebeldes en un conflicto civil que ha dejado a millones de personas sin acceso a alimentos y refugio. La reanudación de los ataques aéreos por parte del ejército, incluso después del terremoto, ha generado indignación y plantea serias dudas sobre la prioridad que el régimen otorga a la asistencia humanitaria.

Además de la crisis en Myanmar, el colapso de un edificio en construcción en Bangkok ha resultado en la muerte de varias personas y ha dejado a muchos desaparecidos. Los equipos de rescate tailandeses están trabajando arduamente para encontrar sobrevivientes entre los escombros. Este incidente subraya la vulnerabilidad de las construcciones en zonas sísmicas y la necesidad de implementar normas de seguridad más estrictas.