Por Jacobo Ramirez Mayz
Atrévete a cruzar el puente es la quinta novela de Mario Malpartida. Está dividida en cinco capítulos y redactada en 123 páginas.
El puente es la metáfora, y cruzarlo lleva consigo una serie de aventuras que el lector puede disfrutar mientras va posando sus ojos en las líneas del libro. Saber qué nos espera al otro lado del puente es, naturalmente, un misterio.
En San Clemente, nombre del lugar y de la iglesia, el adolescente Luis Enrique, o simplemente Lucho Kike, se siente atraído por Micaela, llamada cariñosamente con el hipocorístico de Miquita.
Elmer Reverte es un sacerdote de nacionalidad española, quien tiene un cuerpo atlético, ama el gimnasio, se viste con ropa laical y no usa, como dice el autor de la novela, el alza cuello blanco.
El padre Luis Lieri es todo lo contrario (al menos en los primeros capítulos del libro). Es la imagen del sacerdote entregado a su servicio: muy espiritual. Forma parte de la orden de los clementinos, quienes tienen un colegio donde forman a los adolescentes con amor, formación para evangelizar, y el deseo de saber.
Lieri nota que el padre Reverte es propenso a ese refrán que dice: En arca abierta el cura peca. Bueno, si no es así, creo que la adecuación es perfecta. Y, por mis siete años vividos en el seminario, puedo dar fe de que ese refrán es verdad. Para evitar que se pierda, decide sacarle del gimnasio, en donde ya había logrado muchos seguidores, y lo envía a administrar el cine. En la vida castrense y religiosa la oboedientia ad mortem siempre funciona; así que, sin chispar, Reverte acata la orden.
Otro de los personajes que juega un papel importante en la novela es Lucho Kike, joven que le gusta la literatura y de quien, al inicio de la novela, podemos darnos cuenta de que está enamorado de una dama hermosa que acude todos los domingos a misa, acompañada de su madre. En uno de los encuentros de Kike con el padre Reverte, este le menciona sobre el libro el Decamerón de Boccaccio, libro cuya lectura estaba prohibida para sacerdotes y público creyente.
La segunda parte de la novela nos transporta a las aulas del colegio San Clemente, en donde el autor nos narra las vivencias de los adolescentes, a quienes invita a pasar el puente. En esta parte, juega un papel importante Pedro Cárdenas, el brigadier del quinto año, quien, en momentos de la formación, con voz imponente, gritaba las ya consabidas palabras: Cion, Scanso, Irmes. El hecho de comerse algunas sílabas o letras fue motivo para que lo apodaran Zorro. De la misma manera entra en actuación el auxiliar Héctor García, hombre bajito, con cabello en punta, lo que nosotros llamamos cashacos, y por esas características le apodaron Gallito de las rocas. En esta parte podemos leer que el profesor de inglés es reemplazado por una profesora, a quien el autor del libro describe con lujo de detalles qué sinceramente le hubiera gustado estar sentado en una de esas carpetas para verla, escucharla y aprender, siquiera el verbo to be, de su boca.
En ese mismo capítulo, el consejo pastoral, presidido por el padre Lieri, nos narra que el padre Reverte ya no tenía remedio, quien a aparte de revelarse con actos litúrgicos está influenciado por la Teología de la liberación, que estuvo en boga, especialmente en la segunda mitad del siglo XX. Y además, según la perspectiva de los hombres «santos» que conformaban dicho consejo, el padrecito pecaba contra el sexto mandamiento (No cometerás adulterio). En tal sentido, deciden como medida expiatoria enviar a Reverte como párroco de la Capilla San Clemente. Iglesia que estaba siendo atendida por el sacerdote Pino, acompañado por dos hermosas caribeñas, Sarita y su madre Leonor. En esta parte, comienzan otros sucesos que se entrelazan, de manera muy magistral, con los otros hechos.
Así, nos enteramos de cómo Lucho Kike se atreve a cruzar el puente, y de otros sucesos o acontecimientos que pasan los sacerdotes. Es indudablemente la estocada final de esta novela.
Si quieren saber cuál es el final del padre díscolo Reverte, del sacerdote espiritual Lieri, de la profesora y su alumno, les recomiendo comprar una edición, y empezar su lectura. La cual, estoy seguro, será de mucho agrado para cada uno de ustedes.
Para terminar, les quiero decir que para este lector, que lee poco y, cuando lee, no entiende, y, si entiende, entiende mal, como diría el maestro Andrés Cloud, hay dos tipos de libros: unos que te hacen vivir fantasías, y otros que te las recuerdan. Para mí, la novela de Mario pertenece a esa selecta y poco conocida especie: la de los libros bien escritos.




