La escalada del conflicto entre Rusia y Ucrania alcanzó un nuevo punto crítico este fin de semana con una serie de ataques y contraataques de gran envergadura. La intensificación de las hostilidades, marcada por el uso de drones y misiles, pone en entredicho las perspectivas de paz, a pesar de la anunciada ronda de negociaciones en Estambul.
Según la investigación publicada por The New York Times, el domingo se caracterizó por una ofensiva ucraniana sin precedentes contra bases aéreas rusas, extendiéndose desde Siberia oriental hasta la frontera occidental del país, con reportes de varios aviones rusos envueltos en llamas. Paralelamente, Rusia asestó un golpe significativo a Ucrania al atacar una base de entrenamiento militar, causando la muerte de al menos 12 soldados.
El Ministerio de Defensa ruso confirmó que drones ucranianos atacaron aeródromos en cinco regiones distintas, abarcando cinco husos horarios. Se reportaron incendios en aeronaves en la región de Murmansk, cerca de la frontera con Noruega, y en Irkutsk, en Siberia oriental. La base aérea de Olenya, en Murmansk, crucial para la aviación estratégica rusa y con capacidad para albergar aviones con armas nucleares, también fue objeto de ataque. El ataque a la base de Belaya, en Irkutsk, representa la primera incursión de drones ucranianos en territorio siberiano desde el inicio de la guerra en febrero de 2022. Rusia afirma haber repelido otros ataques y no haber sufrido bajas.
Un funcionario anónimo de los servicios de seguridad ucranianos (S.B.U.) afirmó que docenas de aeronaves resultaron dañadas en los ataques, alegando que los drones fueron transportados secretamente en camiones hacia territorio ruso y lanzados desde estos vehículos. El Ministerio de Defensa ruso, por su parte, indicó que los drones utilizados en los ataques de Murmansk e Irkutsk fueron lanzados desde las inmediaciones de los aeródromos. La veracidad de ambas versiones es aún objeto de verificación independiente.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, celebró los ataques como un éxito “absolutamente brillante”, indicando que la planificación de la operación se inició hace un año y medio y que los involucrados fueron retirados de Rusia antes de su ejecución. Un video verificado por The New York Times muestra el lanzamiento de dos drones desde contenedores montados en un camión cerca de la base aérea de Belaya, evidenciando la sofisticación de la operación.
Blogueros militares rusos criticaron duramente el fallo en las defensas rusas. Mientras que Iryna Vereshchuk, de la oficina presidencial de Ucrania, elogió la “nueva marca de habilidad” en las operaciones de combate en territorio enemigo. Por otro lado, el comandante de las fuerzas terrestres ucranianas, Mykhailo Drapatyi, presentó su dimisión tras el ataque a la base de entrenamiento, asumiendo la “responsabilidad personal por la tragedia”, una muestra de la presión interna y el escrutinio sobre las operaciones militares.
En las horas previas a los ataques a las bases aéreas rusas, Moscú lanzó lo que funcionarios ucranianos describieron como el mayor ataque aéreo combinado desde el inicio de la guerra, con 472 drones y siete misiles dirigidos a territorio ucraniano. Si bien las fuerzas aéreas ucranianas afirmaron haber interceptado la mayoría de los drones y misiles, al menos 18 objetivos fueron alcanzados, causando daños en varias regiones, incluyendo la región de Kyiv, Kirovogrado y Járkov. Estas acciones bélicas ocurren en un contexto donde las negociaciones de paz parecen estancadas y las acusaciones mutuas de dilación socavan la confianza entre ambas partes.




