Por: Clider Luis Marchan Laureano
Una de la mejores novelas cortas es La Perla, escrita por el Nobel de Literatura de 1962 Jonh Steinbeck. En ella, el escritor norteamericano plasma extraordinariamente la historia de una familia, una familia que a pesar de su pobreza (como todos los pobres estoy seguro), establece una relación armónica con la naturaleza. Kino, el padre, es un pescador y al igual que todos los habitantes de ese lugar anhelaban encontrar perlas con la esperanza de salir de la pobreza, pero ese afán no los llevaba a violentar la perfecta armonía que establecieron con la naturaleza. Esa novela me conduce a la reflexión de cuánto hemos violentado a nuestro mundo natural y las consecuencias de esa violencia nos abofetearon estos últimos meses; ahora recién nos ponemos a buscar respuestas suplicantes a estas catástrofes naturales pero la respuesta lo encontramos en nuestros antepasados.
Los aymaras tenían un pensamiento bastante prolífico, ellos decían que el hombre posee 7 armonías.
1ra armonía: De la cabeza hacia arriba. La armonía con nuestros valores, con nuestros ideales, nuestra filosofía, nuestra cosmovisión del mundo, nuestros pensamientos, nuestras creencias y sobretodo con Dios.
2ra armonía: De los pies hacia abajo. La armonía con la naturaleza, con nuestro suelo que hay que defender, con el agua de donde nace la vida, con lo que nos sustenta y con lo que nos da raíces y donde enterramos a nuestros muertos.
3ra armonía: Hacia la derecha. La armonía con los nuestros, con los que nos aman, nuestros hijos, nuestros padres, nuestra simiente, en fin, nuestra familia.
4ta armonía: Hacia la izquierda. La armonía con nuestros amigos, nuestros vecinos.
5ta armonía: Hacia adelante. La armonía con nuestro pasado, ¡si!, nuestro pasado, porque lo que está delante es lo que podemos ver y lo único que podemos ver es el pasado.
6ta armonía: Hacia atrás. La armonía con el futuro porque lo que está detrás no lo podemos ver y al futuro no lo vemos, no obstante, lo sentimos, lo aprehendemos, y luchamos por él. Porque, al contrario de lo que creía Leibniz, el ser humano no está predestinado sino que hacemos nuestro destino.
7ma armonía: Es la armonía con uno mismo, con nuestras pasiones, nuestras inseguridades, nuestros temores, nuestras limitaciones, con nuestras debilidades; pero también es la armonía con nuestras aspiraciones, nuestros sueños, nuestras fortalezas y con nuestro amor.
Hombres sabios los aymaras, sabían que si el hombre mantenía sus siete armonías no habría discordias de ningún tipo.
Uno de los principios de la hermenéutica (arte de interpretar los textos, especialmente los jurídicos y los sagrados) dice: en la variedad de opiniones siempre se encuentra unidad. Este principio no dice Uno sino Unidad, porque en la unidad no se pierde la individualidad. Tal vez lo que nos esté faltando como peruanos sea eso: unidad, no solo entre nosotros, sino también con nuestra ya estropeada Pachamama.



