La imposición de **aranceles** a la importación de vehículos y componentes automotrices, anunciada el miércoles por el Presidente Trump, promete generar ondas expansivas en la industria, afectando tanto a fabricantes nacionales como internacionales. La medida, justificada por la administración como un impulso a la producción doméstica y una herramienta para equilibrar la balanza comercial, pone en jaque estrategias empresariales consolidadas y podría alterar significativamente los precios para el consumidor final. Esta decisión se suma a una serie de políticas proteccionistas implementadas en los últimos años, que han tensionado las relaciones comerciales con socios clave como México, Canadá y la Unión Europea, generando incertidumbre en un mercado global ya marcado por la volatilidad.
Según la investigación publicada por The New York Times, las consecuencias de esta política arancelaria variarán considerablemente dependiendo de la estructura productiva y la salud financiera de cada empresa.
Tesla, liderada por Elon Musk, figura como una de las compañías potencialmente menos perjudicadas por estos nuevos gravámenes. La firma, que produce la totalidad de sus vehículos destinados al mercado estadounidense en sus plantas de California y Texas, minimiza su exposición a los aranceles a la importación de automóviles completos. Sin embargo, la dependencia de componentes importados, que representan aproximadamente un 25% del valor total de sus vehículos según datos de la National Highway Traffic Safety Administration, podría impactar marginalmente sus costos de producción. Además, la marca enfrenta desafíos en la escena internacional, donde algunas regiones han decidido retirar incentivos para la compra de sus vehículos eléctricos.
No obstante, el reportaje señala que la influencia de Musk en la política podría generar represalias contra Tesla en algunos países, exacerbando la situación de una empresa que ya lidia con una desaceleración de ventas a nivel mundial. La percepción pública, influenciada por las declaraciones y acciones del empresario, también podría jugar un papel determinante en el desempeño futuro de la compañía, especialmente entre segmentos de consumidores con inclinaciones políticas moderadas y liberales.
General Motors (GM), por otro lado, se enfrenta a un panorama más complejo. El mayor fabricante de automóviles de Estados Unidos importa una proporción significativa de sus vehículos más vendidos y rentables, especialmente desde México, donde opera varias plantas de gran escala que producen modelos populares como la Chevrolet Silverado. Aproximadamente el 40% de las ventas de GM en Estados Unidos el año pasado correspondieron a vehículos ensamblados en el extranjero, lo que la hace particularmente vulnerable a los nuevos aranceles.
Pese a lo anterior, GM se beneficia de una sólida situación financiera, producto de ganancias consistentes en los últimos años. Analistas coinciden en que esta fortaleza le permitiría afrontar mejor el impacto de los aranceles en comparación con otros fabricantes, especialmente si la administración Trump decide suavizar o eliminar estas medidas en el futuro. La capacidad de adaptación de GM a este nuevo escenario, incluyendo posibles reestructuraciones en su cadena de suministro o ajustes en su estrategia de precios, será crucial para mantener su competitividad en el mercado.



