La imposición de aranceles sobre automóviles y autopartes, anunciada el miércoles por el Presidente Trump, se proyecta como un evento con consecuencias de gran alcance para la industria automotriz, tanto en Estados Unidos como a nivel global. Este movimiento proteccionista surge en un contexto de crecientes tensiones comerciales y una reconfiguración de las cadenas de suministro a nivel mundial, según analistas del sector. La medida, de concretarse en su totalidad, podría alterar significativamente la competitividad de las empresas y los precios para los consumidores.
Según la investigación publicada por The New York Times, el impacto de estos aranceles variará considerablemente dependiendo de la situación particular de cada compañía automotriz, generando ganadores y perdedores en el nuevo escenario comercial.
En el caso de Tesla, la empresa dirigida por Elon Musk, su vulnerabilidad a los aranceles podría ser menor. La producción de vehículos destinados al mercado estadounidense se concentra en fábricas ubicadas en California y Texas, lo que la aísla relativamente de los costos asociados a la importación de vehículos completos. Sin embargo, la compañía no está exenta de riesgos, ya que aproximadamente una cuarta parte del valor de sus componentes proviene del extranjero, de acuerdo con datos de la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras (NHTSA).
Además, Tesla enfrenta desafíos relacionados con la disminución de sus ventas a nivel mundial. Las controversiales actividades y declaraciones políticas de Musk han alienado a potenciales compradores, especialmente entre los votantes moderados y liberales. Este factor, sumado a la posibilidad de que algunos países implementen represalias comerciales dirigidas específicamente a Tesla, podría agravar la situación financiera de la empresa. De hecho, algunas provincias canadienses ya han retirado los incentivos para la compra de vehículos eléctricos Tesla.
General Motors (GM), el mayor fabricante de automóviles de Estados Unidos, podría verse más afectado por los aranceles, dado que importa un porcentaje significativo de sus vehículos más vendidos y rentables, particularmente desde México. La compañía posee varias fábricas de gran escala en territorio mexicano, donde se producen modelos populares como la Chevrolet Silverado. Se estima que cerca del 40% de las ventas de GM en Estados Unidos el año pasado correspondieron a vehículos ensamblados fuera del país.
No obstante, a diferencia de otras automotrices, GM ha mantenido una sólida rentabilidad en los últimos años y goza de una buena salud financiera, según los analistas. Esta fortaleza podría permitirle afrontar los aranceles con mayor resiliencia, especialmente si se producen cambios en la política comercial de la administración Trump, ya sea a través de la eliminación o la mitigación de las tarifas impuestas.



