La diplomacia internacional ha dado un giro inesperado con el anuncio de conversaciones de alto nivel entre representantes de Estados Unidos y Rusia, marcando un posible punto de inflexión en el conflicto ucraniano y las relaciones bilaterales. Este acercamiento se produce en un contexto global marcado por la prolongada guerra en Ucrania, las sanciones económicas impuestas a Rusia y una creciente preocupación por la estabilidad geopolítica en Europa del Este. Las tensiones entre Occidente y Rusia se han mantenido elevadas desde la anexión de Crimea en 2014, intensificándose tras la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, lo que hace de este encuentro un evento de relevancia significativa.
Según el reportaje de The New York Times, altos funcionarios estadounidenses y rusos acordaron el martes establecer equipos de trabajo con el objetivo de finalizar la guerra en Ucrania y buscar una vía para normalizar las relaciones, en las negociaciones más extensas entre ambos países en más de tres años.
Tras más de cuatro horas de conversaciones, el Secretario de Estado, Marco Rubio, manifestó que ambas partes convinieron trabajar en un acuerdo de paz para Ucrania, así como explorar “las increíbles oportunidades que existen para asociarse con los rusos”, tanto geopolíticamente como económicamente. Estas declaraciones revelan un cambio de postura por parte de la administración Trump, que parece dispuesta a explorar la cooperación con Rusia, a pesar de las preocupaciones de sus aliados occidentales. “La reactivación de los lazos económicos” se perfila como un incentivo clave para Moscú, especialmente en lo que respecta al sector energético.
Un alto funcionario del Kremlin, Yuri Ushakov, declaró que ambas partes mantuvieron “una discusión muy seria sobre todos los temas que queríamos tocar”, incluyendo los preparativos para una cumbre entre el Presidente Trump y Vladimir V. Putin. Este diálogo directo, facilitado por la mediación saudí, contrasta con el aislamiento diplomático que Rusia ha enfrentado desde el inicio del conflicto en Ucrania. La iniciativa saudí, en línea con su política de no alineamiento en el conflicto, busca “reafirmar su influencia regional y global”.
La disposición de Trump a colaborar con Rusia para poner fin a la guerra – un enfoque que probablemente satisfaría muchas de las demandas de Putin – y a dejar de lado las inquietudes de los aliados estadounidenses en Europa, queda patente. Este cambio estratégico podría tener implicaciones de gran alcance para la arquitectura de seguridad europea y la política transatlántica. De hecho, el anuncio de las conversaciones ya ha generado inquietud en Europa y Ucrania, ante la posibilidad de que Estados Unidos y Rusia intenten alcanzar su propio acuerdo de paz, marginando a Kiev y a los aliados americanos. “La exclusión de Ucrania de las negociaciones” es una de las principales preocupaciones expresadas por el gobierno de Zelensky.
Rusia pareció haber aprovechado las conversaciones del martes para satisfacer el interés de Trump en las ganancias y los recursos naturales, argumentando que las compañías petroleras estadounidenses y otras empresas podrían obtener cientos de miles de millones de dólares al volver a hacer negocios en Rusia. La suspensión de proyectos energéticos conjuntos tras la invasión supuso un duro golpe para las empresas occidentales, que ahora ven la posibilidad de un retorno a través de la flexibilización de las sanciones. “El potencial retorno de inversiones estadounidenses” en el sector energético ruso es un tema central en las negociaciones.
El encuentro se produjo menos de una semana después de la larga llamada telefónica de Trump con Putin y tuvo lugar en un palacio en Riad, la capital de Arabia Saudita, cuyo príncipe heredero, Mohammed bin Salman, ha estado buscando elevar el papel de su país en la escena mundial. El interés de Arabia Saudita en mediar en el conflicto se enmarca en su estrategia de diversificación económica y política, buscando fortalecer sus lazos tanto con Occidente como con Rusia. “La mediación saudí” refleja la creciente influencia del país en la diplomacia global.




