AQUÍ ARDIÓ EL FUEGO

Por Arlindo Luciano Guillermo

El poema es un artefacto estético que demanda del poeta trabajo, lectura, renovación y lenguaje idóneo. Cualquiera que se atreva a escribir poesía asume una responsabilidad ética y artística con el lenguaje, la creatividad y la sinceridad. En algún momento de mi juventud presumí de poeta y escribí este verso: “Poesía, testículos de titanes”. Un amigo de ruta literaria río a carcajadas, no sé si de satisfacción o burlándose. Después de leer, en la década del 80, Hora de silencio renuncié paulatinamente a ser un verdadero poeta. Este oficio exigía talento, elección de una palabra como aro al dedo, creación de un lenguaje estético. Del amor, la muerte, el tiempo y la naturaleza han escrito los poetas de antaño y hogaño, pero cómo se escribe lo mismo con originalidad e innovación poéticas. Octavio Paz escribe en El arco y la lira: “El hombre es un ser de palabras”.             

En Samuel Cárdich, “la poesía es fuego”, un diario trabajo, una lucha por construir versos, estrofas, ritmo, imágenes. Elogiar la poesía de Cárdich es redundancia; es mejor ir por el lado de la novedad que el poeta ofrece en cada nuevo libro que publica. Aquí ardió el fuego (Edit. Condorpasa, 2022. Págs. 123) contiene 67 poemas, distribuidos en cuatro secciones: “Vino de amor y de la poesía” (22), “Casa de la naturaleza” (10), “Los años de la lluvia” (18) y “Sonata para un otoño fugaz” (17). Versos libres, con rigor en la unidad del poema, persistencia del lirismo altamente subjetivo y personal y la presencia del padre que, en poemarios anteriores, era, prácticamente, invisible. La poesía de Cárdich siempre es un deleite estético. Es necesario leer los trabajos críticos sobre su poesía para saber qué, cómo y para qué escribe, cuál es la dinámica estética, referencial y lingüística intrínseca de su creación poética. Desde Hora de silencio, De claro a oscuro hasta Aquí ardió el fuego, Cárdich ha escrito bastante. Creo que el más serio y minucioso estudioso de la poesía de Cárdich es Ronald Mondragón; debemos leerlo sin mezquindad ni prejuicio. Si Samuel Cárdich es el “poeta mayor” de Huánuco es porque hay “poetas menores”, que no alcanzan su talla poética ni su talento creativo.

En este libro, hay un afán permanente de elaborar metáforas, frases sustantivas que refuerzan como cuñas a un referente concreto, símiles, presencia de adjetivos pertinentes (aunque en algunos casos hay exceso), antítesis, imágenes poéticas y un relato. El lenguaje artístico fluye con maestría. Samuel Cárdich es un veterano poeta que conoce los avatares del oficio. El tono del yo poético revela un poderoso sentido de nostalgia, melancolía, de ilusión perdida irreversiblemente, a veces pesimista y existencial y deseo consciente de desaparecer de la faz de la Tierra. Un detalle importante es la contemplación y observación de la naturaleza, del acontecer de fenómenos meteorológicos (lluvia, verano, invierno, chirapa, viento), el paisaje, el camino. Aquí ardió el fuego es un poemario testimonial del poeta. La primera sección “Vino del amor y la poesía” (22 poemas) revela el trabajo de orfebre de la creación poética de Samuel Cárdich (el alter ego de ese “yo poético”). “Disiento del verso hecho tras el rapto, / avalo el verso por hacer. (…) Exprimir el verso y hacer que al final / suelte, al menos, / una gota de verdad o de belleza”. “Inventario”, a modo de epílogo, último poema de la sección “Sonata para un otoño fugaz”, es una autobiografía sincera y sucinta, con hitos importantes, que abarca desde la infancia (“Vi a mi padre en dos ocasiones” / (…) fue el peor momento (…) / casi no guardo memoria de mi infancia”), bohemia, gratitud y admiración a la madre, preferencias artísticas, fortalezas y errores, compañías adecuadas. “Al final, concluyo que solo requería, de unos versos / escritos con premura, para dar cuenta / de mi autobiografía / intrascendente, del magro suceso de mi vida”.

Hay dos novedades temáticas en este poemario: la infancia y un registro biográfico del poeta. La figura del padre para Cárdich ha sido esquiva o simplemente proscrita de su poesía. La infancia y la bohemia están presentes en Claro a oscuro (“La guerra”, “La madre”, “El hijo”). En cinco poemas de la sección “Los años de la lluvia”, el tema predominante es la infancia del poeta como contemplación e ilusión pulverizada por la indiferencia y la ausencia. La infancia es utopía, paraíso perdido irrecuperable. “Tenencia del ayer”: “La infancia era nuestra fortuna. / (…) y lejos estaban / la edad de los romances, el tiempo de errar / por las tabernas, atrapados / en la pena de una canción de desamor”. En “A eso de las cuatro” se aprecia una escena familiar donde madre e hijo de cinco años recorren el domingo por una alameda. “A eso de las cuatro, mi madre acudía / a la iglesia a persistir / en la esperanza de un cambio, a susurrar / una oración para que en adelante / la vida ocurriera de un modo más equitativo”. En Cantiga, el poeta conserva “versos y música” de canciones que su madre entonaba en el último tramo de su infancia”. “Detrás de la ventana” es la contemplación de la lluvia en la adultez. “La lluvia sabía filtrar un gozo / perseverante en el alma. Era el mejor juguete /de la pobreza, en aquella vez / en que el dolor me era aún desconocido”. “Parque nocturno” es la evidencia de la infancia perdida para siempre, el surgimiento de la frustración y el ascenso de la utopía. “A los cinco años de mi edad carecía / de un impermeable con capucha y de alguien / que me incitara al recreo con su presencia / y el entusiasta palmoteo de su risa”.                           

¿Qué significa del fuego en la poesía de Samuel Cárdich? El fuego es poder de transformación y movimiento (Heráclito de Éfeso), pasión por la poesía, erotismo, amor, libertad y conocimiento (mito de Prometeo) y acompañamiento en la adversidad. Si el fuego ardió, algo se quemó. En el poema “Don de Heráclito”, en El reposo del fuego de José Emilio Pacheco, se lee: “El reposo del fuego es tomar forma / con su pleno poder de transformarse. / Fuego del aire y soledad del fuego / al incendiar el aire hecho fuego. / Fuego es el mundo que se extingue y cambia / para durar (fue siempre) eternamente. / Las cosas hoy dispersas se reúnen / y las que están más próximas se alejan”. Aquí está el pensamiento de Heráclito. Solo en dos poemas de Aquí ardió el fuego aparece la palabra fuego que conforman dos frases: “fuego del amor” (“Fragmentos de una noche”) y “fuego de tus ojos” (“Si tú me dices”). En el poema “Instantánea de los quince años” aparece un sinónimo de fuego: “…la llama / constante del amor ardía / en mi pecho”. En “RIP” se advierte la actuación devastadora del fuego: “Niégate rotundamente a darle un discurso / a mi vida rota, a mi vida hecha ceniza”. Se colige que en Aquí ardió el fuego predomina el fuego equivalente a pasión literaria, sentimiento amoroso y devastación de la vida y del tiempo hasta convertirlos en total pasado y recuperables solo con la memoria, la nostalgia y el recuerdo selectivos.