Escrito por : Ronald Mondragón Linares
En muchas escuelas y colegios aún se sigue considerando como auténtica poesía aquella que sigue el canon tradicional de métrica y, sobre todo, de rima. Y en cierta manera es comprensible el error, puesto que para el acercamiento de los niños a la poesía se usa frecuentemente la rima “total”(es decir, la rima consonante), la que tiene exactos e iguales sonidos tanto de vocales como de consonantes al final de los versos.
La poesía de corte tradicional se mantuvo como tal hasta el siglo XIX, si hablamos de la literatura de Occidente. Formalmente, los poetas se veían en la obligación de escribir sus versos con una determinada métrica y una determinada rima, que llevaban de la mano el ritmo poético que quería lograr el escritor. Por ejemplo, el soneto-muy difundido en Italia en la época del Renacimiento-es una composición que consta de dos cuartetos y dos tercetos, con rima consonante en versos endecasílabos (once sílabas).O la décima-famosa en España- que está formada por estrofas de diez versos octosílabos asonantes.
Esta suerte de preceptiva reglamentarista de la poesía cambió desde la segunda mitad del siglo XIX fundamentalmente con la aparición del verso libre o versolibrismo. Algunos nombres célebres están asociados a esta irrupción genial y que trastocó hasta sus cimientos la poesía tradicional: Baudelaire, Rimbaud, Laforgue, Whitman, nada menos.
Se puede, así, definir el verso libre como los versos que no tienen rima ni métrica preestablecida u obligatoria y, por lo tanto, su irregularidad también es estrófica. Sin embargo, un elemento esencial a la poesía debe mantenerse: el ritmo. De aquí nace la complejidad del versolibrismo, ya que el autor debe conseguir la ansiada perfección rítmica (no olvidemos que el arte poético es ante todo musicalidad, que debe lograrse a través de recursos orales más que léxicos o escritos), sin la “ayuda” ya de los procedimientos que coadyuvaban al logro de la cadencia, como lo eran efectivamente la rima y el metro. Por esto, el arte del verso libre no es en modo alguno “más fácil” que la estilística tradicional, sino mucho más complejo. En realidad, es menos libre de lo que su nombre nos indica en apariencia.
¿Cuáles son, pues, los procedimientos de que se vale el verso libre o los elementos estructurales que lo conforman? El objeto del presente artículo es acercarnos precisamente a las nociones elementales de la naturaleza y la estructura del llamado verso libre o verso suelto.
EL ENCABALGAMIENTO
El enacabalgamiento poético es el abc de la construcción poética. Es un procedimiento que consiste en dejar el verso en suspenso o incompleto para después completarlo en el siguiente o siguientes versos. En realidad toda la organización poética se basa en este procedimiento, ya que corresponde a la naturaleza misma del verso, que es el uso discrecional del espacio en blanco, a diferencia de la prosa, en la que se tiene que llenar necesariamente el espacio de los renglones hasta el final. Por esto, la poesía tradicional también presenta encabalgamiento. La diferencia es que en el verso libre el encabalgamiento es absolutamente menos obvio y tiene que producir asombro, brusquedad o incredulidad.
Veamos este procedimiento, en su forma tradicional o clásica, en Fray Luis de León:
1 ¡Qué descansada vida /
2 la del que huye del mundanal ruido /
3 y sigue la escondida /
4 senda, por donde han ido /
5 los pocos sabios que en el mundo han sido!
“Encabalgar” significa “ir a caballo”, o sea, situarse entre dos lados, en poesía situarse entre dos versos; el poeta debe cabalgar o saltar de uno a otro verso.
De esta manera, el verso 2 completa la idea del verso 1; mientras que el verso 3 se detiene y recién completa la idea con el sustantivo “senda”. Igual sucede con el verso 5 que redondea y termina la estrofa.
Veamos el encabalgamiento del verso libre en el poeta peruano Jorge Eduardo Eielson:
Cuando el momento llega y llega /
cada día el momento de sentarse humildemente /
a defecar y una parte inútil de nosotros /
vuelve a la tierra /
todo parece más sencillo y más cercano…
El encabalgamiento aquí sacude la conciencia del lector con un elemento abruptamente sorpresivo e imprevisto: un acto tan corriente y ordinario como una necesidad fisiológica, tan ajena aparentemente a la poesía es puesto en el centro de la atención tanto de los lectores como del yo poético. Nótese, además, cómo antes de encabalgar, el autor repite significativamente el verbo (“llega y llega”).
EL ELEMENTO SORPRESA
El elemento sorpresa-palabra, frase o imagen- que conmueve , trastoca o irrumpe en el poema y muchas veces resulta siendo decisivo en su desarrollo y construcción final, es uno de los elementos básicos del verso libre. No solo en el encabalgamiento que acabamos de ver, sino en distintos aspectos de la elaboración del poema: tema, tono, figuras literarias, adjetivos o sustantivos utilizados.
Veamos un fragmento nuevamente de Eielson:
Miro mi sexo con ternura /
toco la punta de mi cuerpo enamorado /
y no soy yo que veo sino el otro /
el mismo mono milenario /
que se refleja en el remanso y ríe
El elemento-sorpresa aparece desde el inicio, incluso con el tema mismo, no con el simple encabalgamiento: el asombro pueril ante la contemplación del cuerpo. Fíjense en este elemento en otros versos del mismo autor: “Todo el mundo huye de mi corazón/ Porque parece un cocodrilo. Todo el mundo dice/ que no soy un hombre sino un árbol derribado”




