LA VOZ DE LA MUJER
Denesy Palacios Jiménez
23.08.23
Hablar de identidad nos lleva a inducir una superposición entre raza y cultura; han sido los herederos de los europeos, los criollos, afincados principalmente en las ciudades y especialmente en la costa, los que han dado rango nacional a sus modelos culturales, y eso es lo que más defendemos y nos cerramos como que aquello solo constituyera nuestra identidad, cuando sabemos que Huánuco, por ejemplo tiene una historia y una tradición cultural que se remonta a más de 10000 años de antigüedad, y solo celebramos la fundación española; no nos olvidemos que somos un país y un departamento pluricultural, por lo que se hace necesario un replanteamiento sobre nuestra identidad huanuqueña y nacional, que bueno que se ha impulsado la creación del diade la Identidad Huanuqueña.
La cosmovisión andina nos presenta identidades culturales que necesitamos actualizarlas, por ejemplo cuando hacemos uso de productos nativos (uña de gato, maca, etc.) o de nuestra medicina tradicional, ello nos muestra que nuestra cultura quechua o andino amazónica, se resiste a morir; porque bien sabemos que la cultura de los pueblos no es estática, no es fija; es un enriquecimiento continuo que refuerza nuestra personalidad como pueblo.
Hoy estamos inmersos en la globalización, es importante que tomemos en cuenta que cada país construye su destino, por ejemplo, existe la necesidad de hablar de equidad de género, ahora nadie lo discute, mucho más si lo consideramos en la educación. Son los patrones de desarrollo occidental los que nos han empujado a una inequidad y a un sistema “patriarcal”. Estamos viendo que un mayor crecimiento no ha significado para nosotros mayores niveles de vida, el desarrollo se logra con la capacidad inventiva de los pueblos.
Los países desarrollados se han beneficiado con la globalización, porque por consenso nacional y voluntad de aportar se han unido globalizando la tecnología. En América del Sur hay grandes niveles de desigualdad, por lo que se requiere cambios sustantivos, por ejemplo necesitamos la construcción de los derechos de ciudadanía, de derechos políticos; así mismo se requiere de un Estado garante de los derechos ciudadanos, de un estado nación que oriente sus políticas hacia la desregulación económica actual, pues América latina estaría en una globalización excluyente, es decir no insertados adecuadamente, por ello tenemos componentes de violencia larvados, que motiva a la gente al cambio de valores, los cuales son remplazados por eficiencia, eficacia, competitividad, y queda atrás la solidaridad, la justicia, la racionalidad, la reciprocidad, etc.
Defendamos nuestra identidad, coronémonos como herederos de los Kotosh, Chupaychos, Yarowilcas, Illathupa, Crespo y Castillo, Leoncio Prado, Aparicio Pomares, Juana Moreno, Amarilis, José Varallanos, Augusto Cardich y todos los grandes huanuqueños que han contribuido a enriquecer nuestra cultura, así como los nobles y fieles caballeros que defendieron el rango de ciudad y que gestaron la independencia de nuestro pueblo de la corona española con mucha valentía y fuerza, y no con palabras sino con hechos concretos.
Hemos ingresado al nuevo milenio, y es importante ver como se desarrolla nuestra realidad, los andinos asistimos a un nuevo Pachacuti, que en nuestra cultura significa la inversión del orden cada cierto tiempo, porque es imposible mantener el status quo, porque hay factores externos que han influido tanto y nos han hecho vulnerables.
La nuestra es una sociedad con cambios de paradigmas. La humanidad vive una revolución más – y sin duda la más profunda-: la revolución tecnológica. El tecnócrata parece haber reemplazado al burócrata, y el informático al mismo filósofo. Las máquinas inteligentes están dejando reducidas a la nada las más sanas ideas de cultura del ocio y creando paros y desamparos en los países más altamente industrializados.
Otro hecho relevante es el poder de los medios masivos de comunicación entre los que la televisión ha alcanzado ya la supremacía, ese poder en manos de empresarios inescrupulosos, que solo pugnan por el récord de audiencia y el beneficio en el más corto plazo.
La historia del desarrollo depende de la voluntad y las acciones humanas; la esperanza es una apuesta y una convicción, algo que hombres y mujeres construyen a base del esfuerzo e ilusión.




