ANTONIO PAUCAR: EN EL SUR Y EL NORTE

Israel Tolentino

Antonio Paucar en dos partes, en este año como en otros, su intensidad gravitacional, por decirlo de forma amable, se ve personificada en la Bienal das Amazônias (La II Bienal de la Amazonia en Belem, Brasil) “es una institución de arte, nacida en el Sur Global, que tiene como premisa el desplazamiento del debate sobre las artes y sus potenciales como herramienta generadora de transformación económica y social, desde los ejes dominantes del mercado del arte, devolviendo el protagonismo a la Amazonía desde las Amazonías”. Y como finalista del afamado premio Artes Mundi, “la principal exposición bienal del Reino Unido y premio internacional de arte contemporáneo, donde participa en una lista corta de seis artistas visuales contemporáneos internacionales y cinco socios de sedes nacionales para su undécima edición, Artes Mundi 11 con el socio presentador Bagri Foundation (AM11) en 2025-26”. Sendas presentaciones en su consolidado andar artístico y humano.

Pavo blanco y Antonio Paucar en su taller en Aza.

En la Bienal de la Amazonía, exterioriza un vídeo titulado: “La Purga con Las Madres de Las Plantas, 2016/ 2024”. Aclara el artista: “este video va acompañado de un poema que hace referencia a la obra. Estoy muy agradecido por la grata invitación de la curadora Manuela Moscoso”. A partir de un par de “still” puede deducirse algunos aspectos de la hondura de su trabajo: el encuentro corporal con los seres del imaginario andino, si bien, Antonio Paucar, tiene vinculado al espectador con el uso de su corporalidad y voluntad extremas; en esta Bienal, usando una pantalla, en la secuencia de “imágenes en movimiento”, el elemento tecnológico se sujeta a su presencia anímica. Bien, su rostro envuelto en humo pudiera estar leyendo el calendario andino, el tiempo austral, sin oponerse o contrariar nada, si no mostrar el uso de ciertas experiencias viejas consideradas abandonadas. 

Mamá, artista, mascota (Fotografía, cortesía del artista.

En un tiempo con escalas pentafónicas, brota del interior del artista un sapo, y otras criaturas “repulsivas” de la cotidianidad andina. El batracio carga una connotación especial: llama al agua en tiempos de su escasez, mantiene el equilibrio biológico en los jardines y plantaciones, su ausencia es síntoma de contaminación, en abundantes tradiciones su forma es parte del panóptico festivo.

No hay criaturas horrendas en la visión andina, por menores que parezcan, son únicas e importantes, apreciadas por su sola existencia, está ausente el parecer: mejor criatura. El artista es una persona, en este conjunto, sin mayor transcendencia que alguno de los pequeños seres que regurgita.

Still. La Purga con Las Madres de Las Plantas, 2016/ 2024 (Cortesía del artista).

Antonio Paucar se trasmuta en mediador entre la tierra, de donde se sabe parte, y el exterior, donde procura compartir el mensaje. Su cuerpo se vuelve “paqarina”, su boca la puerta para entrar o salir, cual “Uku Pacha”. Todo el territorio andino está plagado de vida, con la horizontalidad que imprime el respeto por cada una de sus formas y funciones. Lo que muestra Paucar en el video, es igualmente un parto, pues suprime la dicotomía hembra y macho, quedando: hombre. “Runa”.

El médium, es decir el artista, se vale de las hojas de coca y del humo del “mapacho” para tonificar el camino de cada criatura que nace de su condición de “paqarina”; el humo envuelve a cada ente, encapsulándolo, preparándolo para avistarse afuera, para compensar el calor de su interior, la opacidad, el olor de coca masticada, el color del humo, los sabores, con el frío de afuera, el brillo solar, la gravedad. Salir del artista “paqarina”, es nacer nuevamente con otras energías; entonces el nacido, en esta condición, se muestra: aterrorizado, desorientado, cegado, intentando retornar.

Artista en la Galerie Barbara Thumm. Alemania (Cortesía del artista).

Antonio Paucar, termina este año andado por ambas orillas del río serpiente, como imbuido por él, como una criatura regalada por la “paqarina”. No se puede precisar si anda en ambas orillas río arriba o abajo o, un borde hacia arriba y el otro en contra; en este deslizamiento anti gravitacional, tal vez caótico, el artista mediador, eleva la batuta y siente que dado el momento, se establecerá en el entendimiento del espectador.

En el Norte participa en Ars Mundi (concurso importantísimo para todo mortal) en el imaginario de Antonio no hay bueno ni malo, todo coexiste. En su casa taller de Aza, con la compañía de un pavo blanco, prepara su periplo londinense, desconozco lo que conversa y mira el pavo blanco. Desde que conozco a Antonio Paucar, no descubro la línea divisoria entre el artista y hombre cotidiano. Las dos orillas por donde siempre anda son tan reales como cuando sus manos te dan un apretón (Pozuzo, diciembre 2025).