Ante La Vuelta, los ciclistas temen por su integridad: anticipan problemas graves en Madrid.

La edición actual de la Vuelta a España ha trascendido el ámbito meramente deportivo, transformándose en un escenario de tensiones políticas y sociales. La protesta inicial, donde manifestantes pro-Palestina interrumpieron el paso del equipo Israel-Premier Tech durante la contrarreloj por equipos en Figueres, marcó un punto de inflexión. Este incidente desencadenó una serie de alteraciones que han afectado directamente el desarrollo de la competición, obligando a la organización a modificar el recorrido de varias etapas, incluyendo la reducción de la contrarreloj individual. En este contexto, cabe recordar que La Vuelta, con su extenso recorrido a través de la geografía española, a menudo refleja las tensiones sociales y políticas del país. Además, las manifestaciones en eventos deportivos de gran magnitud no son un fenómeno nuevo, pero su impacto en el desarrollo de la competición sí ha generado preocupación. Otro dato a considerar es el creciente activismo en redes sociales, que facilita la organización y difusión de protestas.

Según el reportaje de El País, la situación ha generado inquietud entre los equipos participantes, quienes temen por la seguridad de sus corredores en las etapas restantes, especialmente en Madrid y la Bola del Mundo.

La etapa entre Rueda y Guijuelo, resuelta con un nuevo triunfo al sprint de Philipsen, el velocista más laureado en la presente edición con tres victorias, ofreció un respiro momentáneo. Sin embargo, la sombra de posibles incidentes planea sobre las últimas jornadas. Los directores de equipo, quienes prefieren permanecer en el anonimato, han expresado su preocupación. “Se va a liar en Madrid y en la Bola del Mundo, ¿verdad?”, cuestiona uno de ellos, reflejando el sentir generalizado. Las declaraciones recogidas revelan que los ciclistas temen las consecuencias de ser “derribados a alta velocidad”, lo que podría acarrear graves lesiones. Si bien reconocen el derecho a la manifestación, solicitan que se les permita competir con seguridad. La organización, Unipublic, ha rechazado la propuesta de finalizar la carrera en el circuito del Jarama, donde el control sería más sencillo, optando por mantener el recorrido original.

Ante la creciente preocupación, las autoridades han reforzado las medidas de seguridad para las etapas finales. Se han intensificado las reuniones entre la organización y las fuerzas de seguridad, incluyendo la Delegación del Gobierno de Madrid, que desplegará a 1.500 agentes de Policía y Guardia Civil. La UIP (Unidad de Intervención Policial) incrementará su presencia con “50 unidades”, mientras que la Unidad de Movilidad y Seguridad de la Guardia Civil (UMSV) movilizará 132 agentes, 59 motocicletas, 28 vehículos de apoyo y un helicóptero. Estas medidas buscan garantizar el transcurrir normal de las últimas etapas, ante las convocatorias en redes sociales de diversas asociaciones pro-Palestina, que divulgan los horarios de paso de los ciclistas y alientan a portar banderas palestinas y kufiyas en señal de protesta.

A pesar de las tensiones y el despliegue de seguridad, la competición continúa su curso. Los corredores, “blindados camino de Madrid”, se preparan para afrontar las últimas etapas, mientras la organización y las autoridades intentan equilibrar el derecho a la manifestación con la seguridad de los participantes y el normal desarrollo de la Vuelta a España.