El arranque liguero del Atlético de Madrid ha desatado la alarma en la cúpula directiva. Con tan solo dos puntos de nueve posibles, tras una derrota frente al Espanyol (2-1) y empates ante el Elche (1-1) y el Alavés, la presión se ha intensificado tanto dentro como fuera del club. Este inicio de temporada, calificado internamente como decepcionante, ha motivado la incorporación de Nico González (27 años), extremo argentino procedente de la Juventus de Turín, mediante una cesión con opción de compra fijada en 30 millones de euros. La urgencia de este movimiento refleja la inquietud palpable en Miguel Ángel Gil Marín, máximo accionista, Carlos Bucero, director general de fútbol, y, por supuesto, en Diego Pablo Simeone. La directiva invirtió 175 millones de euros antes de concretar esta última operación, con el objetivo de reforzar una plantilla que, hasta el momento, no ha cumplido con las expectativas generadas. Este fichaje se produce en un contexto de alta exigencia para el club, que en la temporada 2024-2025 se enfrentará a desafíos como la Champions League y la Copa del Rey, además de la competición liguera. La incorporación de González busca aportar soluciones inmediatas al rendimiento del equipo y calmar los ánimos de una afición cada vez más impaciente. Además, la llegada del jugador coincide con un periodo de análisis interno sobre la gestión deportiva y las decisiones tomadas en el mercado de fichajes.
Según el reportaje de El País, el foco de las críticas se centra en la gestión deportiva y en la capacidad del entrenador para optimizar los recursos disponibles.
Las dudas sobre la idoneidad de algunos fichajes recaen directamente sobre Carlos Bucero. A excepción de Hancko, cuyo rendimiento ha sido satisfactorio, y Baena, actualmente lesionado, el resto de incorporaciones (Cardoso, Raspadori, Almada, Ruggeri, Pubill) no han demostrado, hasta la fecha, el nivel requerido para un equipo con aspiraciones a títulos. El cuestionamiento sobre Simeone radica en su habilidad para extraer el máximo potencial de una plantilla que llevó a Gil Marín a expresar públicamente la ambición de construir un equipo “para soñar en grande”. Sin embargo, los resultados iniciales han evidenciado una desconexión entre las expectativas generadas y la realidad mostrada en el terreno de juego. Con un calendario venidero que presenta desafíos significativos, incluyendo enfrentamientos contra Liverpool, Villarreal y Real Madrid, la directiva se ha visto en la necesidad de acelerar un fichaje que inicialmente no estaba previsto. La presión aumenta, especialmente considerando la inversión realizada y la aspiración de competir al más alto nivel tanto en la Liga como en competiciones europeas.
La llegada de Nico González contrasta con las declaraciones realizadas hace apenas dos semanas por el presidente Enrique Cerezo, quien durante la presentación de Raspadori aseguró que el mercado de fichajes estaba cerrado para el Atlético. Esta afirmación fue reforzada por fuentes internas del club, incluso admitiendo que las negociaciones con González se habían detenido tras la incorporación del internacional italiano. No obstante, la situación deportiva precipitó un cambio de rumbo. El viernes anterior al anuncio, Bucero se reunió con Simeone en el Cerro del Espino, centro de entrenamiento del club. El propio entrenador argentino insinuó, en la rueda de prensa previa al partido contra el Alavés, que la puerta del mercado seguía abierta. “Todos los días hablo con Miguel Ángel [Gil Marín] y Carlos [Bucero] para cerrar la plantilla como hay que cerrarla”, declaró Simeone. Solo tres días después, Nico González superó el reconocimiento médico y su fichaje se hizo oficial, evidenciando la rapidez con la que se gestionó la operación ante la urgencia de reforzar el equipo.
Inicialmente, se espera que Nico González dispute un puesto en la banda derecha con Giuliano Simeone, o bien ocupe la banda izquierda compitiendo con Almada. Tras formalizar su contrato, el jugador se unirá a la selección argentina para participar en dos encuentros de clasificación para el Mundial 2026, lo que podría retrasar su debut con la camiseta rojiblanca. Este movimiento, además de reforzar la plantilla, busca enviar un mensaje de ambición y respuesta ante la adversidad a la afición y al resto de competidores. La llegada de un jugador con experiencia internacional, aunque en calidad de cedido, representa una apuesta por mejorar el rendimiento inmediato y revertir la situación deportiva actual.




