Una tarde en la que el Sol ilumina el horizonte, en La Casa Fernandini – Lima, trabaja un joven conservador. Sobre un andamio de dos pisos interviene una de las áreas interiores. Podría quedarse ahí por largas jornadas. Su padre, lo mira fijamente desde hace ya varios minutos, está de pie con los brazos cruzados y sonríe, sonríe al ver a su hijo trabajar con la misma pasión que él. Entonces, el hijo vuelve la mirada hacia su padre, éste como siempre le dice: ¡Perfecto maestro, estamos bien! Como todos los días de visita, baja del andamio, acomoda sus materiales y ambos vuelven a casa.
Pero un 26 de abril, Christian Alfaro solo volvería a imaginar a su padre en el mismo lugar. El pionero y único conservador en Huánuco ha partido a la eternidad.
Ángel Alfaro Cortijo nació en Trujillo en 1949, el 17 de mayo pasado habría cumplido 72 años. Llegó a Huánuco a finales del 2006 para realizar trabajos de conservación y puesta en valor del Monumento Arqueológico de Kotosh, financiado por el plan COPESCO. Según lo planeado, se quedaría un par de meses, pero terminó quedándose 14 largos años.
“Su periplo en Huánuco fue extenso, no recuerdo que se haya quedado a vivir en otro lugar tanto tiempo como en Huánuco”, comenta Christian, su hijo mayor.
Ángel era un hombre humilde a pesar de que por su trabajo obtuvo muchos reconocimientos a nivel nacional. Profesional a carta cabal, su labor silenciosa en la recuperación y conservación del patrimonio cultural en Huánuco es digna de admiración.
“El Ángel padre tuvo que pasar momentos difíciles, y hacer de madre también. Sin embargo, fue un padre ejemplar, luchador incansable, tenaz, nunca bajó la guarda. Él nunca claudicó por robarnos una sonrisa. Nos dio todo el amor posible, hasta los últimos días de su vida”, dice Cristian, emocionado al recordarlo.
En Huánuco realizó muchos proyectos. Así participó en la restauración de la cúpula de la Iglesia San Francisco, apoyó para los apuntalamientos de las estructuras de Huánuco Pampa antes de que interviniera el Ministerio de Cultura, realizó trabajos de emergencia y mantenimiento ad honorem de los monumentos arqueológicos: Kotosh y Shillacoto, podríamos nombrar todos los proyectos realizados en esta tierra, pero nos faltaría espacio y tiempo.
“Siempre apoyaba al Ministerio de Cultura, en la limpieza y mantenimiento de Kotosh (era su vida), una persona muy desprendida con un amor y pasión al patrimonio cultural que nunca he visto en los 15 años que llevo en esta profesión. Con un desprendimiento total de su conocimiento, de su trabajo”, refiere José Onofre quien por muchos años trabajó junto al maestro Alfaro.
Eligió Huánuco, pues a su llegada lo impresionó Kotosh. “Él luchaba por ese complejo arqueológico, pero las autoridades en los últimos años le cerraron las puertas. Tuvo muchos tropiezos desde el punto de vista burocrático. Eso hizo que desistiera de trabajar con el Estado, pero trabajó 8 años para la Unesco”, comenta Christian Alfaro, se le entrecorta la voz, y prosigue “Él fue mi nexo para poder encontrarme con esta hermosa profesión, me enseñó que esto es un compromiso, no de palabras, sino de acción”.
Entre los trabajos más importantes que realizó a nivel nacional tenemos: la restauración de las manos cruzadas de Kotosh (Huánuco), las pinturas en la Iglesia San Francisco de Lima, el inmueble de Torre Tagle y la escultura de las Tres gracias en Plaza San Martín (2019). Trabajó por 5 años en la Casa Fernandini, fue el gran restaurador de los frisos, pinturas murales, entre otros detalles que caracterizan la casa. Hoy el encargado es Christian Alfaro, su hijo, quien sigue sus pasos.
“Como él, otra persona no existe, él iba a hacer las limpiezas a Kotosh gratis. Siempre restauraba cuando el Puente Tingo se veía dañado, gratis, por amor. Huánuco ha perdido un profesional de polendas a quien no le supieron dar un lugar”, dice José Onofre quien lo consideraba como su hermano mayor.
El único conservador y restaurador infatigable, fuerte, de gran temple que dio todo por Huánuco, siempre con su alforja peculiar en la que llevaba lápiz, papel y un libro para desasnar mentes. Su paciencia para enseñar y su espíritu jovial se apagaron a raíz de un cáncer silencioso.
Y sí, sabemos que los homenajes se hacen en vida, pero nunca es tarde para recordar y valorar su gran trabajo. No solo dejó un gran legado, sino también un ejemplo de lucha y constancia. D.E.P maestro.
Por: Iraldia Loyola




