Por:_Ing. Jorge Luis Ochoa Espíritu
Lucía, una madre de 45 años que vive en una comunidad rural, enfrentó un gran desafío durante la pandemia. Las clases de su hijo se trasladaron al mundo virtual, pero ella no sabía cómo usar una computadora y tampoco tenía acceso a internet en casa. Cuando la profesora pedía que los alumnos enviaran tareas por correo electrónico o accedieran a plataformas educativas, Lucía sentía frustración y vergüenza. Cada vez que intentaba ayudar, se daba cuenta de que sus habilidades tecnológicas no eran suficientes. Esta situación no es única. Como Lucía, millones de personas enfrentan el analfabetismo tecnológico, una barrera cada vez más crítica en un mundo digitalizado.
El analfabetismo tecnológico no es solo la incapacidad de manejar dispositivos electrónicos o navegar en internet. Es una forma de exclusión que limita el acceso a oportunidades educativas, laborales y sociales. Para Lucía, significó depender de vecinos y familiares para ayudar a su hijo con tareas básicas, como enviar un archivo o acceder a recursos en línea. En una sociedad donde las herramientas digitales son esenciales, estas carencias profundizan las desigualdades existentes.
Las consecuencias son evidentes. Las personas que no tienen habilidades digitales enfrentan dificultades para realizar trámites en línea, acceder a plataformas de empleo o usar servicios básicos como banca virtual. En el ámbito educativo, estudiantes que no cuentan con apoyo tecnológico en casa enfrentan desventajas significativas frente a sus compañeros. Según el INEI, en regiones rurales de Perú, solo el 40% de los hogares tiene acceso a internet, lo que incrementa la exclusión digital. En el caso de Lucía, su falta de competencias digitales no solo afectó la educación de su hijo, sino que también le impidió aprovechar recursos que podrían haber facilitado su vida cotidiana.
La alfabetización digital debe ser una prioridad tanto en la educación formal como en programas comunitarios. Talleres que enseñen a manejar dispositivos básicos, navegar en internet o usar herramientas como correo electrónico y plataformas educativas pueden marcar la diferencia. En algunas comunidades rurales, iniciativas similares ya han tenido éxito, ayudando a padres como Lucía a familiarizarse con tecnologías que les permiten apoyar mejor a sus hijos.
Además, es crucial garantizar que estas soluciones lleguen a quienes más las necesitan. En regiones como Huánuco, donde la brecha digital persiste, el acceso a internet y dispositivos es fundamental. Las instituciones educativas y gubernamentales tienen un papel clave en la implementación de programas de capacitación tecnológica y en la creación de políticas inclusivas que cierren esta brecha.
La historia de Lucía es un recordatorio de los retos que plantea el analfabetismo tecnológico en una sociedad digitalizada. Esta barrera no solo afecta a individuos, sino a familias y comunidades enteras. Invertir en la alfabetización digital no es solo una necesidad, sino una responsabilidad colectiva. Con capacitación y acceso equitativo a la tecnología, personas como Lucía pueden superar esta barrera y transformar su realidad, abriendo nuevas oportunidades para ellas y sus familias. Es momento de actuar para que nadie quede atrás en la era digital.
*Docente IESP FIBONACCI




