AMARILIS EN LA VITRINA DISCRETA DEL HUA*PRI

                                                                    Navegad, buen viaje, haced la vela

guiad un alma, que sin alas vuela (Amarilis).

Por Israel Tolentino

¿Quién no ha pasado delante de esta ventana y estacionado un momento su humanidad, y ojear lo que entre sus jambas se muestra? Y, precisamente, no sólo es admirable lo que se expone, sino, su tenacidad, la persistencia por mantener flameando algo significativo de la memoria huanuqueña. Con los años entendí que en esta blancura oblonga se desarrollaba una idea concreta; nada de azar ni de improvisación, como suele suceder generalmente, cada elemento mostrado, respondía a un escrupuloso estudio, a una paciente meditación. Esa “vitrina / ventana” no sólo te dejaba ver, te invitaba mirarla.

Vitrina Hua*Pri. Inmemoriam Virgilio López (Fotografía: cortesía Hua*Pri).

Carlos y Cristina Arakaki cierta mañana, en su primaveral ciudad, abrieron las puertas de una vitrina (no confundirla con las ostentaciones de las tiendas o centros comerciales) que se convertiría en emblema cultural del acontecer huanuqueño; sobre las intenciones originales no intentamos indagar, lo mostrado son respuestas más que suficientes. En cada acción se lee un pensamiento del hacedor de la vitrina, pero, existe la mirada del otro, del espectador y, es desde este punto desde donde los recuerdos cobran invaluable actualidad. Ubicado en la cuadra nueve del jirón 2 de mayo, un punto visual (como citan hoy) se ubica como pionero en los espacios de reflexión en la región. Los iniciadores, con pasos discretos y constantes, han logrado que sus nombres se entremezclen entre su vitrina y las imágenes de las gentes asociadas con los descubrimientos expuestos, algo así como un punto dando origen a una conciencia colectiva.

Vitrina Hua*Pri. La manta blanca (Fotografía: cortesía Hua*Pri).

Muchas veces, desde mis salidas como estudiante del colegio San Luis Gonzaga, me paraba al frente de la vitrina, algo en su entorno me atraía: limpieza y orden. Enredando mi detenimiento con la bulla de las motos, de las apresuradas personas leía con curiosidad lo expuesto, sin saber que muchísimos años más tarde, las vitrinas y salas de exposición, serían un reto profesional. Conocí sobre muchas de las plumas regionales, reseñas sobre el doctor Virgilio López Calderón, textos de Ricardo Flórez, Samuelito Cárdich, fotografías y dibujos y alguna vez, una enérgica caricatura de don Virgilio.  Cierta vez, se exhibió la obra de la tía Nadab Cotrina (Ambo, 1934 – 2019), ella se inició en las letras pasados sus 70 años, era conocida como el ADN de la literatura huanuqueña. Un personaje digno de un estudio mayor.

Una vitrina / ventana, donde nunca percibí un letrero luminoso u otro tipo de aviso indicando su nombre o propósito, sin embargo, su interior fue siempre un regalo para educarse, una historia para revisar aquello que se denomina “museografía desde el interior”.

 Vitrina Hua*Pri (Fotografía: cortesía Hua*Pri).

El espacio “Vitrina Hua*Pri“ (Huánuco Primaveral) estuvo cerrado en la pandemia, por muchos factores, conocidos y no, en este 2025, reabre sus tradicionales ventanales con una exhibición del más insigne personaje de nuestra cultura: Amarilis (Siglo XVII), autora de la Epístola a Belardo, elegía poética dirigida a Lope de Vega (Belardo), conocido como el “fénix de los ingenios”, poeta y dramaturgo representativo del Siglo de Oro de la literatura española.

Esta exposición trae a la memoria “El último recado”, un inolvidable cuento de Luis Mozombite, ganador del “Premio de Cuento Ciudad de Huánuco”, convocado por la Revista Perú, no recuerdo hace cuantos años, pero si a Amarilis como personaje entrañable.

Amarilis honrada en la Vitrina reabierta del Hua*Pri, como gota de sensatez, pedagogía para el poblador, luz propia proyectándose entre el caos de la ciudad diciendo entre los confusos reflejos: este lugar, no está privado de creadores; hay memoria, identidad, legado.

Vitrina Hua*Pri . Amarilis Indiana (Fotografía: cortesía Hua*Pri).

La Vitrina se abrió el 24 de mayo de 1974, puerta para la literatura hecha por huanuqueños, permitiendo a los ojos reconocerse en sus obras, como quien, mientras deambula, se cruza con uno de ellos expuesto en la vitrina. Estos días, exhibe nuestra más cara joya: Amarilis (Pozuzo, julio 2025).